|28 de Mayo de 2010
Probablemente uno de los personajes más conocidos e influyentes de la historia de la humanidad sea Julio César, no sólo por su determinante papel en el engrandecimiento de la Roma Antigua, sino también por su frecuente presencia en revistas de divulgación, en películas -más o menos rigurosas- o en los maravillosos comics de Asterix y Obelix que casi todos conocemos.Por todo eso y más nos parece oportuno presentar esta biografía de César, realizada de nuevo por nuestro colaborador Rafael Osset y Manso de zúñiga. Esperamos que os entretenga y os ayude en vuestra tarea.

13 de julio del año 100 a 15 de marzo del año 44 a.c
Orígenes
Julio César nace en el seno de una de las familias más influyentes de la gran Roma: la familia Julia pertenece a los patricios y se atribuye un origen divino, por ser descendientes de Iulio, hijo de Eneas y, por consiguiente de Venus. Esto mismo es reclamado por César, siendo en su época cuando se divulgó la leyenda.
Su amplia formación incluye los autores griegos y la historia de su patria muy a fondo, lo que le permite ser un gran orador y escritor (incluso poeta). Sus dos libros más conocidos: “La guerra de las Galias” y “La guerra Civil” siguen siendo en la actualidad textos indispensables en la enseñanza del latín.
No cabe duda de la propensión del pueblo romano, como antes ocurrió en Grecia, de unir lo humano con lo divino. De aquí que el nombre completo de nuestro personaje fuera el de “Cayus Iulius Caesar”. Su familia pertenece al partido del pueblo de donde se derivan muchas de las actuaciones de César, especialmente su dedicación y generosidad hacia los ciudadanos romanos y hacia la propia Roma.
Hijo de Aurelia (que tuvo que encargarse de la educación de su hijo por haber muerto el padre cuando este tenía muy pocos años) y, sobrino de Mario, por lo que se ve envuelto en las luchas con Sila que lo perseguirá y condenará a muerte. Sólo su juventud y sus amigos le salvarán de una muerte cierta.
Inicia su vida política en el momento en que se esta tratando de cambiar la forma de gobierno de Roma de República a Monarquía. Su trayectoria es bastante rápida: a los quince años recibe la toga “viriles” (como todos los jóvenes de Roma); a los dieciséis es nombrado sacerdote de Júpiter y se casa con Cornelia; a los veintiséis se le nombra pontífice, a los treinta y dos cuestor, a los treinta y cinco edil cural, a los treinta y siete pontífice máximo, a los treinta y ocho pretor y a los cuarenta y uno cónsul. A pesar de todo esto, cuando en el año 68 visita Cádiz, con treinta y un años, en el templo y, ante una estatua de Alejandro Magno, se lamenta de que a la edad que el tiene, el griego ya había conquistado el mundo mientras que el era todavía un desconocido.
E l gobierno está encomendado al Senado compuesto por altos funcionarios procedentes de la nobleza que ejercen su función con mano dura teniendo sus resoluciones la categoría de leyes. Esta forma de gobierno descansa en lo que se llamaba “el vasallaje” que se basa en que, los económicamente débiles, se acogían a la protección de un patrono que velaba por sus intereses. En contrapartida, el cliente ayuda a su patrono en las elecciones y en los comicios. Esta organización social fue adoptada por toda Europa a lo largo de la Edad Media.
La Roma en que nace es ya una gran nación cuyos gobiernos a lo largo de la historia, sean del color que sean, tienden a ser bastante dictatoriales, lo que se demuestra por la gran cantidad de gobernantes asesinados a lo largo de los años: Rómulo (primer rey de Roma), Tarquino, Servio Tulio, Tiberio Graco, Cayo Graco, Sartorio, Pompeyo, César, Bruto, Casio, Sexto Pompeyo, Antonio, Germánico, Druso, Seyano y toda su familia, Tiberio (asesino de los anteriores), Calígula, Claudio, Nerón, Galba, Otón, Vitelio, Domiciano, Cómodo, Caracalla y Geta (su hermano) Macrino, Heliogábalo, Alejandro Severo, Maximino, Aurelio y Constante (hijo de Constantino el Grande). Demasiados para un país que creó uno de los mayores imperios que ha habido en la historia y dramático, viendo quienes fueron los asesinos, en muchas ocasiones familiares muy directos. No hay que olvidar que la lengua y el derecho romano se establecieron en la mayor parte de Europa y que han perdurado.
Roma era entonces una ciudad que pasaba por momentos muy difíciles, con frecuentes luchas y guerras intestinas. La República hacía agua por todas partes, la corrupción minaba las bases de la sociedad y el pueblo, abandonado a su suerte, hacían necesario un cambio desde esta forma de gobierno hacia la del Imperio. Julio César tendrá un papel muy importante en este cambio.
Así Roma se convirtió, primero en la capital de Italia y después, en la potencia más importante y poderosa del mundo por entonces conocido. Podríamos decir que Roma creó el mundo civilizado de su tiempo. Desde sus inicios no dejó de conquistar territorios uno detrás de otro; primero los Apeninos (origen de Italia), luego Cartago, Sicilia, Córcega, Cerdeña, Tunicia, la Llanura del Po, España y la Galia en la Europa Occidental. En la Oriental conquista Macedonia, Grecia con el Adriático y el Egeo, la isla de Creta, Asia Menor y Egipto.
Su carrera política
Habiendo salvado la vida, entra al servicio del gobernador de una provincia, el pretor Minucia Termes que le confirió el cargo de oficial por ser hijo de senador (cosa que él nunca llegó a ser). Durante los años siguientes se dedica a buscar el prestigio en la política interna, en tareas legislativas y penales, incluidos los procesos. En uno de estos, aún ganando los defensores del inculpado, se granjea la admiración general por su capacidad oratoria. Para perfeccionarla, se marcha a Rodas, pero tiene que abandonar la ciudad, de nuevo precipitadamente, por la muerte de su tío Aurelio Cota, pontífice máximo, que le ha nombrado su sucesor. Al tomar posesión de su cargo consolida su posición en el gobierno, tanto más cuanto que, al año siguiente, es reelegido tribuno militar. Se empezaban a cumplir las predicciones que hizo Sila con motivo de su indulto. La política en Roma es bastante caótica con intrigas y asesinatos por la conquista del poder. En este caso se trata de un seguidor de Mario llamado Sartorio que había instaurado en España un imperio opuesto a Roma y dominado por los optimates (aristócratas). Mario demuestra una gran sensibilidad por los problemas de Iberia y de las libertades de sus ciudadanos por lo que llega incluso a establecer alianzas con Mitridates para luchar contra Roma. En España se hace acreedor al ansiado laurel por operaciones militares, (algo así como nuestra Laureada de San Fernando) al someter a los montañeses que aún resisten a los romanos.
Sila, después de vencer al rey Mitridates, vuelve a Roma como general victorioso y conquista la ciudad en el año 82 a.c cuando César todavía no tiene nada más que dieciocho años. Se hace nombrar Dictador y asume la potestad de promulgar leyes y de organizar el Estado.
Sus medidas son en general buenas: por ejemplo, reparte tierras entre sus soldados con dinero procedente de los bienes expropiados a sus oponentes, con lo que mejora la estructura social del país, al reducir las diferencias entre las clases sociales (a pesar de ser defensor de los privilegios de la aristocracia).
Esta clase no es precisamente la preferida por César, pues perteneció al partido popular durante toda su vida, pero soporta al gobierno de Sila... César es yerno de Cinna, enemigo a su vez de Sila, por lo que está en el punto de mira del dictador. Por ello, este le pide que se divorcie de su mujer Cornelia, cosa que César no acepta.
Es entonces declarado proscrito y todos sus bienes son confiscados por lo que huye a las montañas donde será capturado por uno de los esbirros de Sila que, sin embargo, le deja en libertad a cambio de dos talentos.
De cualquier forma, los familiares de Cesar adictos a Sila piden a este el indulto para Julio lo que el dictador acepta de mala gana diciendo: “cuidaros del muchacho de la toga suelta, os haré caso pero recordad que este hombre por el que intercedéis pondrá en peligro nuestra hegemonía. En su pecho late un corazón mas poderoso que el de Mario”.
Con este cargo militar toma parte en el asedio de Mitilene (Lesbos) siendo luego enviado a la corte de Nicomedes IV, rey de Bitinia en la que se aficiona al lujo y la suntuosidad.
Su siguiente trabajo es el de luchar contra los piratas del Mediterráneo junto al procónsul Publio Servilio. Es entonces cunado muere Sila, lo que apresura el regreso de César a Roma.
No cabe duda de que Mario actúa de buena fe y con motivos justos pero el medio para resolverlos no es el adecuado; es un idealista que, en un régimen como al que sirve, pretende favorecer a los vencidos. Se concede el mando de las legiones que tienen que ir a someterlo a Pompeyo el Grande, que sólo consigue vencerle gracias a una conspiración que elimina al general “español”.
En el año 68 a.c. César es nombrado cuestor (asistente de los magistrados) lo que es la puerta de entrada al Senado. Es destinado a la Hispania Ulterior, donde deja patentes sus grandes dotes de organizador. Tres años después es elegido “edil cural”, supervisor de la policía y de los mercados y organizador de los juegos públicos. En el 63 a.c, en pugna con Cátulo y, a pesar de su juventud, es nombrado “pontifex máximo” y al año siguiente pretor, escalón anterior al de cónsul.
Aumenta sus soldados de veinte a treinta cohortes (cada una de estas unidades contaba con seiscientos hombres y diez cohortes componían una legión). Sus campañas y su trato especial con los legionarios, hacen que estos le nombren “imperator” por lo que el Senado organiza una fiesta en su honor, comprendiendo Julio que era el momento de hacer una entrada triunfal en Roma, donde sus actividades como representante del partido popular son innumerables, aprovechando cualquier circunstancia para hacerse propaganda y ganar adeptos.
Así ocurre en sus oraciones fúnebres en el Foro, con extraordinaria oratoria, en honor de su esposa Cornelia (fallecida muy joven) y de su tía Julia. César camina hacia su deificación popular al organizar unos juegos de otoño, mejorar y arreglar las calles de Roma, (la Via Apia) y construir el Foro y el Capitolio.

Sabe perfectamente lo que tiene que hacer para conseguir votos en el futuro.
Su actividad política durante estos años no se limita exclusivamente al apoyo al partido popular, su meta final es, claramente, la conquista del poder, situarse a la altura de Pompeyo, su “enemigo”, en una rara mezcla de odio-admiración.
Para ello intensifica sus contactos con Craso, del círculo de los optimates, que había sido cónsul junto a Pompeyo. Las enormes riquezas del optimate le proporcionan una sólida posición.
En el año 64 ambos intentan el asalto al poder aprovechando una ley agraria, presentada por el tribuno de la plebe Rulo, solicitando nuevos asentamientos para reducir la pobreza que circundaba Roma, que sobrevivía gracias al trigo suministrado por el Estado. César y Rulo trabajaron esta ley a fondo y confiaban en ser elegidos para presidir la comisión. Pero Cicerón dio al traste con sus esperanzas con varios discursos en el Senado y ante la Asamblea del pueblo.
También en ese momento se produce la Conjura de Catilina cuyos hechos son sumamente sencillos: este personaje aspira al consulado en el año 65 pero su candidatura es rechazada por tener pendiente un proceso por chantaje. Los dos cónsules que habían sido elegidos fueron juzgados y declarados culpables de haber comprado votos y fueron depuestos. Entonces se unen a Catilina para apoderarse por la fuerza del poder y asesinar a los cónsules. Una vez lo hubieran conseguido nombrarían a César dictador y a Craso su lugarteniente, lo que hizo pensar que el primero de estos, estaba con los conjurados. 
Descubierto el complot, los cónsules toman posesión del poder bajo la protección del ejército. Catilina vuelve a presentar su candidatura que es nuevamente rechazada por el Senado por lo que planea asesinar a Cicerón, el que se opuso a su nombramiento.
Es descubierto y delatado por lo que reúne un ejército en Fiésole y marcha contra Roma. Pero nuevamente Cicerón se le interpuso al denunciar y demostrar la conjura y manda detener a sus dirigentes.
En el juicio que siguió se plantean dos posiciones distintas: la que pide un castigo ejemplar (lo que equivalía a la pena de muerte) y la de los que piden una pena más leve, entre ellos Julio César. Este, en su discurso, alaba a Cicerón por haber desecho la conjura y añade:
“si un cónsul desenvaina su espada ¿quién limitará su acción o la devolverá a su vaina? ¿Quiere esto decir que soy partidario de liberar a los detenidos para que se refuerce el ejército de Catilina?. ¡En absoluto! Yo propongo la confiscación de los bienes -------- En el futuro no se volverá a tratar este tema en el Senado y quien infrinja esta norma ------ actúa contra el Senado y contra la sociedad”.
¿Qué es esto? Los rumores, bastante fundados por cierto, dicen que César y Craso han colaborado con Catilina. Entonces ¿por qué condenarlos a perder sus bienes y a ser confinados si se oponen a la pena de muerte solicitada por el Senado? ¿Es un ejemplo de su clemencia? Más bien parece una forma estupenda de contentar a ambos sin crearse ningún enemigo. De cualquier forma se deshace sin contemplaciones de los conjurados. Los cuatros discursos de Cicerón contra Catilina se conocen con el nombre de “Catilinarias” y son un modelo de oratoria en los que se reafirma en su petición de pena de muerte, pero el Senado cambia de opinión apoyando la tesis de César y añadiendo, además, la reclusión no solicitada por César. ¿Gana la oratoria de este a la de Cicerón o es la argumentación del primero mejor que la del segundo? César se opone a la reclusión pero el Senado no le hizo ni caso y en el tumulto que se produce los équites entran en la sala y amenazan a César con sus espadas; algunos amigos lo envuelven con sus togas y le sacan del edificio salvándole la vida.
En el año 60 a.c. regresa a la Hispania Ulterior. Los diez años de servicios prestados a la política interior han dado escasos resultados a pesar de su capacidad intelectual y de haberse ganado el favor del pueblo. Sabe que, de esa forma, no podrá conquistar el poder real ni dominar el Estado. La única forma que ve para conseguirlo es la que ya habían demostrado sobradamente Mario, Sila y Pompeyo: el mando militar. Como ya hemos anticipado, la guerra civil entre "populares" y "aristocráticos" se había resuelto a favor de Sila y con una feroz represión (13 generales asesinados, miles de prisioneros,...) contra los partidarios del popular Mario, entre los que se cuenta la familia de Cesar.
Para evitar este tipo de situaciones es por lo que Cesar necesita conseguir el mando militar. Se presenta para ello como
candidato para el Senado, cumpliendo la norma de que el que se presentase debía mantenerse fuera de la ciudad y solicita al Senado que le exima de presentar de forma personal su candidatura. Pero Catón, con un prolongado discurso, se opone a ello y su candidatura es rechazada. A Pompeyo le pasa lo mismo al intentar que dicha institución le reconozca sus méritos militares. Es, por tanto, natural que ambos se unan para conseguir sus fines, a pesar de su antagonismo personal.
César le convence de la necesidad de contar con las riquezas de Craso por lo que han unírsele. Así nace el Primer Triunvirato, repartiéndose las competencias de la siguiente manera: Pompeyo las tareas militares, César las políticas y Craso las económicas.
Además fortalecen su unión mediante el matrimonio de Pompeyo con Julia, la hija de César y de este, por tercera vez, con Calpurnia, hija de Julio Calpurnio, cónsul sucesor de César desde el año 58 a.c.
El triunvirato tuvo dificultades para aprobar las leyes presentadas por César, como ocurre con su ley agraria que pretende legalizar la colonización. A ella se oponen muy duramente Bíbulo y Catón, por lo que el Senado tiene que oír multitud de discursos a favor y en contra de la misma. Bíbulo expresa que se impedirá la proclamación de la ley haciendo que los comicios se reúnan par estudiarla. Sin embargo César consigue que estos la aprueben por lo que el Senado, contrario a la ley, tiene que dar marcha a atrás y prestar juramento de no oponerse a ella. También se aprueba otra ley por la que se condonaba a los arrendatarios el pago que hacen por el arriendo, lo que significa una bajada de los impuestos y un mejor reparto de las tierras, con las que se ganaba la confianza, el respeto y el voto del pueblo. Otra de sus leyes es la que hace referencia a la administración de las Provincias y al chantaje y fraude de los cargos públicos en todo el Imperio.
Como recompensa recibe del pueblo el gobierno de la Galia Cisalpina e Illiria en la costa occidental del Adriático, por un período de tres años, más un ejército de cinco legiones. Ha cumplido su objetivo, conseguir el mando militar con el siguiente comentario: “he logrado lo que ambicionaba aún en contra de la voluntad y maquinaciones de mis enemigos. Ahora los tengo a mi merced”.
Uno de los episodios más importantes en la vida de César es el de sus relaciones con Cicerón, unas veces buenas y otras malas, siendo más las sombras que las luces. Intenta muchas veces atraerlo a su bando, sin ningún resultado positivo, ya que Cicerón no estaba dispuesto a renunciar a sus convicciones (lo que le honra) aristocráticas ni a su pertenencia al partido de los optimates. Por ello se opone, tenazmente, y con una gran oratoria, a los postulados de César.
Como siempre las cosas ajenas a la política pueden modificar comportamientos de esta índole como fue el caso de Clodio, viejo amigo de Cicerón que planeaba pasarse al bando popular para acceder al cargo de tribuno de la plebe a lo que se opone Cesar, seguramente, por haber sido amante de su mujer, pero cambió repentinamente de opinión y le apoyó. ¿Por clemencia o por conveniencia?
En otro momento Cicerón tiende la mano a César pero este, no solo la rechaza, sino que contraataca presentando una ley por la que se debe castigar con el destierro y la confiscación de bienes a cuantos hayan ordenado ejecutar a ciudadanos romanos sin la aprobación del pueblo, sabiendo que Cicerón ha propiciado la de los seguidores de Catilina. A pesar de sus súplicas y oposición frontal a la misma, esta es aprobada y, el buen sabio, antes que ser juzgado, prefiere el exilio voluntario a Salónica mientras que el pueblo, instigado por Clodio, quema su casa.
La Guerra de las Galias
Este episodio es, sin duda alguna, el que más fama da a César y el que hace que su nombre figure en un lugar preeminente en los libros de historia y en los del aprendizaje del latín.
En ella aparecen todas sus virtudes perfectamente reflejadas: su capacidad militar, su capacidad organizativa, su inteligencia, su carácter, su capacidad como estratega e ingeniero y sus dotes como escritor ya que, la propia historia de la guerra fue escrita por él.
Esto nos debe llevar a ser prudentes a la hora de acercarnos a ella ya que, es casi seguro que, en bastantes ocasiones, se deja llevar por su propia subjetividad y por su vanidad. Es una monumental hazaña de gran resonancia que a los únicos que no gustó fue a los galos de aquel momento ya que la guerra tuvo para ellos resultados dramáticos: un tercio de la población gala murió durante los ocho años que duró la guerra, otro tercio acabó esclavizado y perdieron una ingente cantidad de sus riquezas. El oro que el conquistador se lleva a Roma desde los templos galos, una vez puesto en el mercado, hace que su precio se devalúe un 30%. No hay ninguna luz que no produzca sombras y César no es una excepción ya que en su vida se produjeron hechos de verdadera crueldad.
La Galia esta habitada en esos momentos por un sinnúmero de tribus (diecinueve) y, prácticamente lucha contra todas ellas. Algunas de estas, después de ser dominadas por César, se unen a él prestándole ayuda en su lucha contra las restantes tribus, incluso contra las tribus alemanas de la orilla de Rin más adelante.
Los celtas habitan en extensas regiones de Europa: en España, Bretaña, el sur de Germania y la llanura del Po, han cruzado el Rin y presionando, sobre la parte alta del río, han llegado hasta los Balcanes y Asia Menor. La organización social de estos pueblos se basa en la división en tribus gobernadas por un rey o por familias nobles. Entre ellos se establecen relaciones de vasallaje o clientela y su forma de gobierno se debate entre los partidarios de la monarquía y los seguidores de la aristocracia.
Es posible que la política llevada a cabo por Cesar en Roma de atraerse el favor del pueblo, de imponer sus leyes al Senado con inteligencia y, por que no, con bastantes artimañas y jugando en ocasiones con dos barajas, atemorice a sus miembros y a los optimates, ya que deciden enviarle a la conquista de la Galia Transalpina, muy posiblemente, con la intención de apartarlo de la capital del Imperio.
Los romanos habían conquistado ya el sur de la Galia para asegurarse las rutas hacia Hispania venciendo a los Arvernos en la actual Aquitania en el S. II a.c, convertida en la Provincia Narbonense.
En la Galia, como en casi todas las sociedades fuertemente tribales, las que habitan en el este de la Galia luchan contra los Arvernos por los territorios centrales y, para conseguirlo, piden ayuda a los germanos mandados por Ariovisto, a los que hubieron de ceder como compensación muchos terrenos de labor. César utilizó estos hechos a su favor, ayudando unas veces a los germanos contra los galos y otras al contrario.
El general cruza el Ródano por encima de Lión para ayudar a los Eduos contra los Helvetios que intentaban instalarse en sus tierras, al tener que abandonar las suyas presionados por los germanos. No tuvo demasiados problemas para vencerlos en la batalla de Bibracte.
Esto demuestra la habilidad que tiene César para aprovechar las rencillas y desavenencias de sus contrarios en beneficio propio.
Al principio de la guerra no dispone nada más que de la X Legión que es con la que vence a los helvecios pero enseguida llama a las VII, VIII y IX que están estacionadas en la llanura del Po así como las XII y XIII que reclutas urgentemente en Lombardía.
Cada una de ellas está compuesta por seis mil hombres, divididas en diez cohortes de seiscientos soldados y estas, a su vez, divididas en seis centurias de sesenta hombres cada una.
Al vencer a los helvecios se asegurada el dominio de la Galia Central cuyas tribus le han pedido protección contra Ariovisto y sus tropas germanas. Cesar ya había hecho un pacto con estas, pero cuando vio que no había servido de nada, lucha contra ellos conquistando su capital, Besançon, en la región de Jura, que conserva un estupendo arco triunfal de César. Ariovisto decide pactar y, sin que ninguno de los dos se baje del caballo, Julio le dice que debe a su intercesión personal y a la del Senado de Roma el que le reconozcan como rey y amigo del pueblo romano. Le recuerda también que tiene establecido un pacto con los Eduos por lo que, al estar bajo su protección, deben abstenerse de luchar contra ellos y que devuelva a los rehenes y no vuelva a cruzar el Rin.
Parece que a Ariovisto no le impresionan estas palabras porque, desde ese momento entran en abierto conflicto: el germano responde que ha cruzado el río a petición de los galos; que estos le han entregado tierras y rehenes voluntariamente y que los impuestos que les cobra son suyos por derecho de conquista tras derrotar a algunas tribus galas que se le han enfrentado. Añade que ha buscado la amistad de Roma, pero que él ha llegado a la Galia antes que Julio César (lo que es cierto por lo menos para aquella parte de Francia) y que no entiende que quiera conquistar su Galia, como no le gustaría a Cesar ver Italia conquistada. Precioso intercambio de discursos en el que se demuestra que ambos conocen perfectamente las actividades del otro y en las que se trasluce un reproche a César por su exagerada ambición imperialista.
Todo este cúmulo de palabras para justificar cada uno de ellos que ha actuado correctamente y con honor, no evita una gran batalla que gana César obligando a Ariovisto a volver a cruzar el Rin. Podían haberse ahorrado el parlamento. Lo práctico es que esta batalla aumenta el prestigio del general en grado sumo. Sin embargo, los belgas, pensando que pueden ser las siguientes víctimas de la ambición de César, se unen a los germanos para frenar su avance hacia el norte.
La contestación de Julio es la de reclutar tres nuevas legiones en Lombardía con lo que ya cuenta con ocho en la Galia, cuarenta y ocho mil legionarios. Venció a los belgas con muy poco esfuerzo a pesar de que aquellos, con hombres reclutados entre todas las tribus germanas, reúnen un gran ejército que César evalúa en trescientos mil soldados lo que, a todas luces, es una gran exageración, que seguramente tiene como finalidad la de hacer mayores sus méritos. De todas formas si parece ser que era superior al suyo, que presenta graves problemas de organización y sobre todo de avituallamiento.
Los belgas optan, después de la derrota, por disgregar ese ejército aconsejando que cada tribu se defienda por si misma. Lo hicieron pero fueron vencidas una a una.
En su obra sobre esta guerra, César describe, como si se tratara de una novela de aventuras, con gran lirismo, paisajes bucólicos, con animales que nadie había visto antes
(procedentes de las leyendas griegas) la batalla que tuvo con los belgas en el valle del Sambre.
La última parte de esta guerra se produce contra la tribu de los Atuatucos cuyo asentamiento se localiza en el valle del Mosa, posiblemente en Mont-Falizes. César cercó la plaza con todos los medios que tenía a su alcance, trincheras, terraplenes desde los que lanzar el ariete contra las murallas de la ciudad, las protecciones con los escudos sobre la cabeza de sus soldados, catapultas, etc. Viendo esta exhibición de materiales y artilugios de guerra los belgas prefirieron rendirse antes que morir. Pero, poco después, con las armas que habían ocultado, intentan sublevarse de nuevo. César, sintiéndose engañado, los derrota en una cruenta batalla vendiendo como esclavos a los supervivientes. Esto hace que los habitantes de la costa Atlántica se entreguen sin ofrecer resistencia. Así, con poco esfuerzo y muy pocas pérdidas conquista la Galia comprendida entre el Canal de la Mancha y el Rin, con la única excepción de Aquitania.
Pero no todo ha terminado: al pedir desde sus cuarteles de invierno alimentos a los pueblos galos sometidos de Bretaña y Normandía, estos se rebelan aliándose entre ellas y capturan a los soldados y centuriones que les han enviado para conseguirlos.
Entonces César tiene que llevar la guerra contra ellos por tierra y por mar para lo que inicia la construcción de una flota en el Loira. La batalla naval se da en la costa bretona, la primera de que se tiene noticia en aquellos parajes. Al presenciar la batalla, el cónsul ve que sus naves tienen menor calado que las de sus enemigos lo que le pone en desventaja. Para subsanarlo hace montar en sus barcos una especie de garfios con los que poder cortar los aparejos de las naves galas. Una vez conseguido, puede abordarlos, derrotándoles en la lucha cuerpo a cuerpo. La capitulación fue dramática por la cruel represalia de César, que manda decapitar a todos los miembros del Senado véneto. Al resto de los hombres los vendió como esclavos. César lo justifica como una acción de castigo por el apresamiento que habían hecho de sus soldados: “para que los galos, en el futuro, respetasen más a sus embajadores”. No tiene en cuenta que ni sus soldados ni sus centuriones habían resultado muertos mientras que él sí acaba con fría crueldad con sus enemigos.
También los grandes hombres cometen errores y este no es el primero ni el último de César. Engreído con sus hazañas y su preeminencia en Roma, añade, para empeorarlo, que los galos eran culpables de revolución contra él y Roma y de traición contra la fides romana, es decir, la relación pacífica entre vencedores y vencidos. ¿Es esto una utopía? Seguramente sí, aunque el no lo comprenda, ya que nunca convirtió la Galia en provincia romana (excepto la provincia Narbonense) sino que la organizó como si fueran súbditos y tributarios de Roma. Su utopía puede explicarse por su terrible seguridad en si mismo, por su convencimiento de que nada le está prohibido, de que no hay nada fuera de su alcance, que todo lo que hace es bueno y que no se equivoca nunca.
De nuevo tiene que intervenir en el Rin, ya que los germanos, desplazándose de este a oeste, lo han cruzado varias veces. César advierte de nuevo que ese río es la frontera de Roma, por lo que los combatirá con una táctica mitad diplomática y mitad de ofensiva militar. Algunos de sus enemigos en Roma le critican por ello, especialmente Catón, que llega a pedir al Senado que lo entreguen a dichas tribus por su comportamiento traicionero. Sin embargo no parece que las acciones de César tuvieran límite alguno.
Se le ocurrió entonces una nueva meta más lejana, la conquista de Britania. Aunque no tiene relación ninguna con la isla ni la conoce, justifica la operación con un supuesto apoyo a los vénetos.
La primera acción contra ella tiene muy pocos resultados repitiéndola al año siguiente. Para ello construye en el Loira una flota capaz de transportar cinco legiones y dos mil jinetes. Una vez desembarcados todos ellos, penetra hasta más allá del Támesis venciendo a los británicos. Como siempre, entabla negociaciones con ellos exigiendo tributos y rehenes. Seguramente se los dieron, pero quedó profundamente dañado el comercio existente entre la isla y Roma, interrumpido durante más de un siglo.
Pero el alma humana no esta hecha para vivir esclavizada y dominada por personas ajenas a su propia nación y cultura y esto es lo que les pasó a los galos. Nuevamente se levantaron contra César porque al ir este a la conquista de Britania, se lleva con él a cinco mil jinetes galos como rehenes para evitar que vuelvan sus armas contra sus legiones.
Cesar tiene que dar marcha atrás para enfrentarse a los Eduos con su rey Dunmorix a la cabeza. Dunmorix es vencido y muerto en la batalla. Esto va a exaltar aún más la animosidad gala, por lo que César decida quedarse en la Galia, aunque debe dividir a sus legiones debido a la escasez de alimentos. Los galos aprovechan esta circunstancia para tender a los romanos una trampa fatal. Además, una legión al mando de Quinto (hermano de Cicerón) es rodeada y amenazada de muerte.
¿Por qué les perdonaron la vida después de las pérdidas y asesinatos que les ha inflingido César? ¿Quisieron demostrar más clemencia que el propio general romano? Políticamente fue un grave error aunque probablemente, si lo hubieran hecho, hubiera seguido una terrible venganza romana. Pero esa situación permite a César enviar algunas legiones en su ayuda y los galos levantan el cerco.
Hacia el año 52 ac, sin embargo, César se encontró con una nueva rebelión de las tribus galas, encabezadas por Vergincetorix, que preparaba ya el asalto a la Provincia Narbonense. César derrota en un primer momento a los pueblos rebeldes. Ante estas derrotas Vergincetorix recurre a la táctica de la guerra quemada para cortar el aprovisionamiento de César. Este, en represalia, destruye multitud de ciudades incendiándolas y matando a 40.000 personas.
Esto fortaleció a Vergincetorix que vio como muchas otras ciudades se unían a él. Los rebeldes cortan la via de suministros a César que sitia la ciudad de Gergovia, capital de los arvernos. A su defensa se une Vergincetorix que consigue derrotar a César. Ante esta situación, los eduos (tradicionales clientes de Roma hasta entonces) ven su causa perdida y se unen a la rebelión gala venciendo a la guarnición romana de Noviodonum. Se apoderan del botín, liberan a los rehenes y destruyen la ciudad.
Las tribus galas celebran una asamblea en la que el prestigio y autoridad de Vergincetorix aumenta considerablemente: se le concede el mando supremo y se dispone a invadir la Provincia romana, o sea, la tierra de los galos. César recluta a la caballería germana para contrarrestar la caballería gala y luego regresa a su base de operaciones, Besançon.
Sale al paso de Vergincetorix cerca de Dijon pero es derrotado y el propio líder de los galos queda tan sorprendido por esta victoria que, en lugar de rematar la acción, se retira a toda prisa a la fortaleza de Alesia, donde es cercado por César. Vergincetorix licencia a su caballería que en un asedio no es operativa con la misión de reclutar tropas de socorro. César rodeó Alesia de dos líneas fortificadas, aumentó la profundidad de los fosos y colocó diversas trampas; almacenó también gran cantidad de agua y víveres, todo lo cual hizo antes de la llegada de las tropas de refresco.
Mientras tanto en Alesia empezaban a escasear las provisiones, por lo que Vergincetorix mandó salir de la ciudad a todo aquel que no pudiera manejar un arma. Salieron a campo abierto pero, al no ser acogidos por los romanos, perecieron de hambre en el camino entre la ciudad y las posiciones romanas. Cuando más difícil era la situación de los galos vieron llegar a las tropas de refuerzo que arremetieron contra las primeras filas de romanos aunque fueron rechazados. Por la noche volvieron a intentarlo, atacando desde un solo punto mientras Vergincetorix salía de Alesia y se precipitaba contra la vanguardia romana. Al ser de noche y no conocer los obstáculos puestos por César, se retiraron después de recibir fuertes bajas. Dos días más tarde, tropas de élite galas al mando de Vercassivellauno irrumpía en las líneas romana mientras Vergincetorix atacaba desde la ciudad. César ordena a una parte de sus soldados atacarle y le hizo retirarse. El ataque conjunto de todas las legiones romanas, aún en inferioridad numérica, desde distintos sitios concede la victoria del gran general y Alesia capitula al día siguiente.
Vergincetorix sale a caballo de la ciudad, se desnuda de sus armas y se arrodilla ante César confiando en su clemencia. Pero Julio la demostró solamente con los eduos y los arvernos ya que esperaba atraerlos de nuevo a su bando. El resto de los soldados galos fueron entregados como esclavos y encarceló a Vergincetorix durante seis años al cabo de los cuales lo mostró al pueblo de Roma con motivo de su triunfo y fue ahorcado.
Julio César, el clemente, el piadoso, el magnánimo, no es en este momento más que un asesino por venganza. Perdonó a los pueblos con los que luchó y a los que ganó, pero nunca a quién le venció.
Para asegurar definitivamente la Galia, César levanta un segundo puente sobre el Rin, fortificándolo para poder penetrar con más facilidad en el territorio y asegurar la frontera germana. Aunque los germanos no quisieron presentar batalla, César dejó cuatro cohortes en el puente y se lanzó contra ellos, entrando a sangre y fuego y asesinando y capturando a sus habitantes. Además, algo típico en César, animó a las tribus galas dominadas por él para que participasen en el pillaje y el botín porque,”prefería que murieran en el bosque los galos antes que sus legiones, inundando el país con una muchedumbre ingente para borrar de la faz de la tierra el linaje y el nombre del pueblo culpable de un crimen tan horrendo”.
Es algo muy simple, muy eficaz y de muy bajo coste para Cesar y sus soldados. Su política, al vencer a tribus enemigas, es la de asegurarse su apoyo en caso de necesidad haciéndoles pagar impuestos. Esto es lo que hace con galos y germanos: utiliza a las tribus germanas sometidas en sus batallas contra los galos y, a estos, contra los germanos.
¿Cabría pensar que Maquiavelo pudo inspirarse en este conquistador para alguno de sus consejos a los príncipes? Lo que no cabe duda es que el florentino conocía perfectamente la obra de César.
En “De bello Gálico” intercala visiones etno-geográficas a partir del momento en que cruza el Rin por segunda vez. Es importante la extensión que dedica a enumerar las diferencias que hay entre galos y germanos, incluyendo una fauna de animales legendarios sacadas de sus lecturas de los clásicos griegos con una única finalidad: dejar bien sentado que las tribus germánicas que habitaban en la margen izquierda del gran río están en suelo galo y, por tanto, bajo el dominio de Roma. Determina así que la frontera entre ambos era precisamente el Rin lo que, naturalmente favorece su política de conquistas.
Durante el tiempo que duró esta guerra estuvo perfectamente informado de todo lo que ocurría en Roma, pues tiene agentes y cuenta con la inestimable ayuda de Balba. En su cuartel de campaña dispone de un departamento dedicado a su correspondencia. Su tarea más importante es cultivar su colaboración con los otros dos miembros del Triunvirato para poder actuar conjuntamente.
En el triunvirato aparecen divergencias interpretativas cuando sus intereses toman caminos diferentes. El primero en manifestar alguna disconformidad es Craso al que se le había asignado la provincia de Siria ya que, al necesitar aumentar su prestigio y poder con victorias militares, emprende una campaña militar contra los partos (persas) pero es derrotado en la batalla de Carras y el es uno de los que muere. El triunvirato queda cojo y, un poco más adelante, al enfriarse las relaciones entre César y Pompeyo tras la muerte de Julia al dar a luz, dejo de existir.
La Guerra Civil
l “Imperator” había fracasado en su intento de de acceder, de forma legal, a la cúpula del Estado. Por ello no le quedaba otra vía que el de organizar una revolución con la que hacerse con el poder absoluto y a ella se entrega en cuerpo y alma. Su primera acción fue la de atacar por sorpresa la península itálica. Con la legión estacionada en Rabean cruza el Rubión y ocupa Rímini, acción que supone, de hecho, la rebelión contra la autoridad del Senado y, por tanto, de la Républica, ya que estaba prohibido cruzar el río con un ejército. Ya no había por tanto vuelta atrás en su idea de atacar al Imperio, diciendo al cruzarlo,”alea jacta est”, la suerte está echada, curiosamente dicha en griego en vez de en latín. César, siempre dispuesto a la clemencia, (acababa de dejar en libertad a Domicio y sus hombres, que se habían pasado al bando pompeyano), intenta por todos los medios llegar a un acuerdo con su enemigo. La primera oportunidad que tiene para ello es la llegada a su presencia de dos mensajeros del Senado pidiéndole que depusiera las armas. César les hizo la siguiente contrapropuesta: “Pompeyo debe regresar a su provincia; César y Pompeyo licenciaran sus respectivos ejércitos e Italia sería completamente desmovilizada; de esta forma desaparecería la presión sobre el Estado, se celebrarían elecciones libres y el gobierno sería devuelto al Senado y al pueblo”. Pompeyo le contestó diciendo, “es Censar quien tiene que retornar a la Galia, evacuar Ariminum y licenciar sus tropas. Solo cuando César haya cumplido estas condiciones, marchará Pompeyo a Hispania”. La conquista del resto de España es un paseo militar ya que la mayor parte del territorio se sometió por su propia voluntad. Recompensó generosamente a los soldados que lucharon a su lado. En esos días, Lípido, nombra a César Dictador, lo que cambia considerablemente su situación jurídica legal ya que le facultaba para convocar elecciones. Esto lo lleva a la práctica de forma inmediata, eligiéndose a sí mismo cónsul junto a Publio Servilio Isáurico. El año 49 a.c. es de grandes éxitos y también reveses para César: pierde su flota de cuarenta barcos, muere Curio en África y es derrotado en Illiria por Pompeyo. Parece, por este recuento, que las tropas de Pompeyo estaban formados mayoritariamente por soldados de los territorios orientales federados con Roma. La realidad es distinta: la cifra de ciudadanos romanos era de cuarenta mil y la de los aliados orientales de once mil. Es evidente que a César le interesaba hacer pensar a los romanos lo contrario, o sea que, sus enemigos querían, “empujar contra Roma las hordas de getas, armenios y cólquidas" (Cicerón). En la primera confrontación, Bíbulo consiguió hundir treinta barcos de transporte de la flota de César cuando regresaban a Brindisi a recoger al grueso del ejército, al tiempo que bloqueaba el Adriático, con lo que dividió a las tropas enemigas en dos grupos. César suspende el transporte y encarga que el avituallamiento se hiciera desde Corfú al tiempo que impedía el acceso al puerto a los barcos de Bíbulo para aprovisionarse. El hambre, la sed y la muerte del comandante de la flota hicieron que una vez mas ganara el
E
César modifica en este momento las normas de la guerra en vigor hasta entonces desligándola de la estacionalidad. El invierno era la estación prohibida para guerrear, pero César inicia un ataque en esta época con una sola legión. Sin embargo, a media que avanza va engrosando su ejército con los soldados establecidos en la Galia. Así, mientras Antonio se dirige con cinco legiones a Etruria y Roma, César avanza rápidamente por la costa del Adriático.
Esta marcha produce una oleada de temor en Roma que aumentó ante la decisión de Pompeyo de evacuar la ciudad. Senadores y magistrados huyen en tropel, aunque César se abstiene de entrar en la ciudad siguiendo camino hacia el sur. Por otra parte desea reanudar sus relaciones con Pompeyo y negociar con él, pero este prefirió abandonar Italia estableciéndose en Grecia con todos los efectivos disponibles.
Naturalmente, César no puede licenciar sus tropas porque Pompeyo sigue reclutando soldados quedándose con provincias y legiones que no le pertenecen. Pide la mediación y ayuda de Cicerón. Pero la negativa del que César consideraba como amigo y guía supuso la ruptura de las relaciones entre ambosl.
También el Senado se niega a mediar ante Pompeyo, ya que el tribuno Metelo boicoteó cualquier intento de negociación oficial, negándole, además, el dinero que necesitaba de las arcas del Estado. César, sabiéndose dueño de la situación, lo tomó por la fuerza al tiempo que pide al Senado que tome las riendas del estado y que gobierne con el y si se negaban, el asumiría la responsabilidad de gobernar solo.
Desde los primeros combates César vence con toda facilidad conquistando toda Italia.
Entonces se le presentan dos opciones: lanzarse a la conquista de Hispania donde Pompeyo tiene un ejército bien pertrechado o, dirigirse al frente oriental de los Balcanes donde también se ha hecho fuerte Pompeyo junto con los senadores.
Opta por la conquista de la Península Ibérica. Para empezar a preparar la campaña, conquista Sicilia, Córcega y Cerdeña, trampolín par la conquista del norte de África, absolutamente necesaria para garantizar el suministro de grano. Luego se dirige a Hispania por tierra con la vanguardia de sus legiones al mando de Fabio que cruza los Pirineos, encontrando en Lérida a las topas pompeyanas al mando de Petronio y Afanio.
Fabio esperó la llegada del grueso de las tropas romanas pero, una riada destruyó el puente por el que debía pasar. En Roma se pensó que había vencido Pompeyo, pero César construyó un nuevo puente mientras su flota vencía a la de Pompeyo frente a Massilia.
Regresa a Italia y en el camino recibe la noticia de la capitulación de Massilia debilitada por el hambre y las epidemias. César impone, sin embargo, unas condiciones tan duras para aceptar la capitulación que la ciudad perdió una parte muy importante de su potencial económico y militar. Aún así, no todo le era favorable a Julio César, ya que estando todavía en Massilia, se enteró de que la IX legión se había sublevado en Piacenza: Los soldados exigían autorización para saquear Italia pues el botín conseguido en España había sido muy pequeño por ser un territorio del Imperio. Resolvió el motín ”manu militari” diciéndoles que de acuerdo con la ley marcial ejecutaría a uno de cada diez legionarios y licenciaría al resto. Naturalmente la legión no tuvo más remedio que claudicar y “pedirle por favor” que les dejara seguir a su lado. A pesar de todo, César fue aún más lejos: les exigió que denunciasen a los ciento veinte miembros más significados de la revuelta de los que doce, elegidos al azar, serían ejecutados. Es evidente que la generosidad y la clemencia de César actúan siempre que no fuera el él sujeto de los hechos.
También utiliza su cargo para relanzar la economía que amenazaba con estancarse.
La situación de los dos supervivientes del Triunvirato, es la siguiente: César tiene la Galia, Hispania, Italia, Sicilia, Córcega y Cerdeña; Pompeyo dominaba el resto del Imperio, o sea la parte oriental del mismo. La relación de fuerzas asombra por la procedencia de los soldados. Se puede decir que es una guerra internacional ya que se desarrolla en casi todo el orbe conocido. Esto es lo que se desprende de la descripción del ejército de Pompeyo hecha por el propio César: (que suele tender a la exageración si esta le favorece)
“nueve legiones integradas por ciudadanos romanos, cinco de Italia, una de veteranos de Sicilia, otra de Creta y Macedonia, dos que el cónsul Léntulo se había preocupado de reclutar en Asia. Había completado estas legiones con gran número de soldados de Tesalia, Beocia, Acacia y Épiro. Además de estas nueve legiones esperaba otras dos que venían desde Siria al mando de Escipión. Contaba con tres mil arqueros de Creta, Esparta, Ponto y Siria… Dos cohortes de honderos, de seiscientos hombres cada una, siete mil jinetes, de los cuales Deyatero había reclutado quinientos en Capadocia, otra cantidad similar enviada por Colis de Tracia al mando de su hijo Sádola, doscientos procedían de Macedonia mandados por Rascipolis, hombre de probado valor, otros quinientos de Alejandía -estos constituían la corte personal que Gabinio había proporcionado al rey Tolomeo y que el hijo de Pompeyo había trasladado con la flota-, ochocientos había alistado el propio Pompeyo reclutándolos de entre sus esclavos y pastores, Castor y Domnilao habían aprestado trescientos en Galacia... Antíoco de Comagne (al que Pompeyo recompensó con largueza) doscientos de Siria, la mayoría arqueros a caballo. A estos hay que añadir otros pertenecientes al pueblo de los dárdanos… besos, mautonios, tesalios y de otros territorios (doscientos) hasta completar el número dicho”.
Esta campaña la empieza en enero del año 48 a.c. en pleno invierno contra la costumbre sobre la estacionalidad de la guerra por lo que coge a Pompeyo por sorpresa. Levó anclas en Brindisi y desembarcó en Épiro (Albania) y, aunque Pompeyo tenía una flota superior mandada por Bíbulo, no la mandó zarpar precisamente por ser invierno y no contar con ese ataque. César cruzó rápidamente el Adriático conquistando varios enclaves costeros y tiende (una vez más) su mano a su rival para entablar negociaciones en las que establecía como premisa “sine qua non” que la forma y condiciones de la tregua serían establecidas por el Senado junto al pueblo de Roma y que, mientras tanto, creía conveniente que ambos contendientes desmovilizaran sus ejércitos. Hábil propuesta teniendo en cuenta que César, por su condición de cónsul, tenía gran influencia en el foro y, por su adscripción al partido popular, el favor del pueblo. Pompeyo se niega advirtiendo, con no poco orgullo, que “no quería deberle la vida a César ni el regreso a su patria”.
César.
En tierra las operaciones se desarrollaban en Dyrrhachium (Durazzo) hacia donde va César, desde el sur, mientras que Pompeyo hacía lo mismo desde el este. Pompeyo llega primero por lo que César tuvo que volverse al sur . Ambos ejércitos se sitúan uno frente al otro sin atacarse, ya que César esperaba al resto de sus tropas que venían desde Italia. Estas llegaron tres meses después al mando de Marco Antonio, con lo que su ejército aumenta sus efectivos a treinta y cuatro mil hombres. Así se igualaban las fuerzas, aunque Pompeyo mantenía la superioridad en cuanto a la caballería. César fracasa en su primer intento par conquistar la ciudad, concibiendo entonces una gran maniobra de estrategia: la guerra de posiciones.
Consistió esto en cercar al adversario en un espacio de cincuenta y seis kilómetros cuadrados, levantó trincheras, vallas y fosos formando un semicírculo de más de veinticinco kilómetros, desde la punta de la costa, cruzando las montañas, hasta la otra punta de costa. Construye fuertes a intervalos regulares, instala campamentos detrás de la primera línea y rodea las posiciones con una calzada que permite una rápida comunicación. Por si esto pudiera no ser suficiente, desvió todos los cursos de agua que fluían hacia Dyrrhachium para corta la vía de aprovisionamiento. Los pompeyanos también construyen trincheras lo que dio como resultado una estrategia militar que se volvió a utilizar en la Primera Guerra Mundial en la frontera entre Alemania y Francia.
Pompeyo, con superioridad naval rompió las líneas de César por el extremo sur de la costa venciéndole de forma rotunda. Sin embargo cometió el error de no perseguirlo para completar la victoria, lo que permite rehacerse al cesar que convierte su retirada en un nuevo ataque, contactando con las tropas pompeyanas en Tesalia.
La batalla definitiva tiene lugar en Farsalia ganando el segundo
completamente al primero.
En su huida Pompeyo llegó al mar Egeo, cruzó a Lesbos para recoger a su mujer Cornelia y siguió hacia Egipto para buscar asilo. Pero, al desembarcar en Pelusio, fue asesinado por Potino (un centurión romano que había luchado a sus órdenes) y ordenado por Ptolomeo, ante los espantados ojos de su esposa.
Al llegar César a Alejandría le llevaran la cabeza de su enemigo junto con su anillo. Su reacción fue la de llorar exclamando,”uno de los mejores romanos había sido asesinado por un traidor comprado por un bárbaro; había perdido al marido de su querida hija, al compañero de tanto años de lucha y, además, se había desvanecido la última esperanza de desembarazarse del "odio" al revolucionario y entroncar su mandato en las formas tradicionales de la legalidad defendida por Pompeyo y los optimates”.
Hace enterrar su cabeza en el templo de Némesis (la diosa de la venganza) que mandó construir a tal efecto.
El asesino de Pompeyo (Ptolomeo) había conseguido expulsar del gobierno de Egipto a Cleopatra que, conociendo la fama de César, le pidió ayuda. Este lo primero que hace es leer el testamento de Eulates, en el que se establecía que era ella la que debía de reinar por ser la primogénita. Esto desembocó en una guerra que se saldó con la victoria de César, aunque a costa de la pérdida de la gran biblioteca de Alejandría por incendio, aunque algunos historiadores ponen en duda esta última cuestión.
Escisión, suegro de Pompeyo, toma el mando de las tropas pompeyanas en el norte de África. En el este, Fernacles, hijo de Mitridates, queriendo restaurar el reino de su padre lleva sus tropas a Asia Menor donde derrota a Calvino, lugarteniente de César, y a Deyatoro príncipe de los galaicos de Nicópolis. César desembarca en Tarsos y derrota a Frenacles diciendo una de sus célebres frases “llegué, vi y vencí”.
El año 48 a.c. se le confirma en el cargo de “imperator”, nombrándose a Antonio como lugarteniente que al volver a Italia se hace con el poder. Al año siguiente César inicia la campaña contra Escisión concentrando sus tropas en la punta occidental de Sicilia desde donde pasa a África con seis legiones y mil jinetes.
Obliga a Escisión a luchar en un sitio poco favorable ya que en él los elefantes de Juba deben situarse en le frente y no en las alas del ejército. Así la infantería cesariana los hostigó haciendo que se enfureciesen y, en la desbandada, causaran más daño a las tropas de Escisión que a las de César, una vez más victorioso. Los republicanos de Escisión perdieron cincuenta mil hombres mientras que César solamente cincuenta. Catón, a las órdenes de Pompeyo, se suicida lo mismo que hicieron Juba y otros miembros del partido senatorial. Algunas más fueron apresados y ejecutados por orden de César.
El año 46 a.c. llega por fin a Roma convertido en el dueño del Imperio Romano. Ya no tiene necesidad de más guerras, excepto contra los hijos de Pompeyo que se sublevan en España. Uno de estos, Cneo, con sus hermanos Sexto, Vario y Labieno desembarca en la Península Ibérica y contra ellos manda Censar una flotilla derrotándolos en el mar, pero no en tierra donde eran superiores los pompeyanos.
Tras esta derrota vuelven a enfrentarse siendo totalmente aniquilados los hijos de Pompeyo. Mueren Vario y Labieno y, Cneo, muere también en la huida.
Es el final definitivo de la guerra contra Pompeyo y de la guerra civil.
Esta victoria aporta a las arcas romanas doscientas mil fanegas de trigo y tres millones de libras de aceite anuales, setenta y cinco mil talentos en oro y tres mil coronas que repartió con sus soldados reservándose una parte para sí. Además recibe los premios y reconocimiento del Senado: la dictadura vitalicia, el título de emperador transmisible a sus descendientes, derecho a usar a perpetuidad la silla cural, el rango de tribuno de la plebe y derecho a presentar proposiciones de obligado cumplimiento en las elecciones a las magistraturas.
César, con cincuenta años, es el único que manda en Roma.
Realmente César es el creador de un gran imperio que incluía, Italia, la Galia, Hispania, el Ponto, Egipto y el norte de África. Se había ganado la estima y admiración de su pueblo, a quien dedicó sus esfuerzos y su tiempo pagándole con generosidad, tanto económicamente como en infraestructuras y obras.
Después de la batalla de Tapso se convierte, de hecho, en Emperador. Pone fin a la hegemonía helenística en el Mediterráneo, haciendo del latín la lengua oficial de todos los territorios por él conquistados. En su política de dar tierras a sus veteranos no utiliza la vía de las expropiaciones, sino la de la compra directa de los mismos, bien con dinero público o con el suyo propio. Esto era un beneficio para Roma al poder dejar de pagar a gran cantidad de pobres con derecho a asistencia por parte del Estado.
Concede el derecho de ciudadanía a los habitantes de las provincias, especialmente las de la zona celta, que fueron las más rápida y completamente romanizadas, así como la posibilidad de que fueran elegidos senadores para lo que aumentó su número hasta novecientos. Estas medidas, tan populistas, no sentaron nada bien a las viejas familias senatoriales, provocando el descontento que acabaría manifestándose con su muerte.
Otro hecho viene a aumentar ese malestar, es el de la expedición contra los partos solicitada y encargada a César por el pueblo. Este le encomienda la dirección de la campaña autorizándole a nombrar a los magistrados de los tres años siguientes, tiempo que se calculaba duraría la guerra. Pero esto había estado reservado siempre a las familias senatoriales, que se negaban a tener que servir a alguien al que consideraban inferior a ellos. El problema era que el emperador no pertenecía al partido de los optimates.
Para ellos, la desaparición de César sería una bendición y el momento para que esto se produjera era antes de la campaña ya que, de regresar vencedor de los partos, su poder sería imposible de superar. Más de sesenta miembros de las familias preeminentes, en su mayor parte senadores, se conjuraron para eliminar a una persona a la que consideraban como un tirano, algo que nunca fue. Los dirigentes de este grupo eran Marco Bruto y Cayo Casco, enemigos suyos en el pasado y luego receptores de su clemencia y favores. El primero de ellos consiguió que la conjura se circunscribiese a César dejando fuera a Antonio.
En la fecha del quince de marzo del año cuarenta y cuatro se tenía que discutir en el Senado la aprobación de la guerra contra los partos, por lo que los conspiradores tenían que anticiparse a esa sesión. Así, antes de empezar lo cosieron a puñaladas sin que pudiera ni defenderse, ni evitarlo.
Los senadores no conjurados, al ver lo sucedido, huyeron a la desesperada, frustrando la esperanza de los asesinos de que aceptaran los hechos y se hicieran con el poder. Hubo disturbios en las calles de Roma y Antonio y Lépido, que tenían algunas tropas en la ciudad, empezaron a hacer propaganda contra los asesinos, que se acrecentó al ser leído el testamento de César por el que legaba a la ciudad sus jardines situados a la otra orilla del Tiber.
La muerte de César abrió un paréntesis de quince años de continuas guerras internas. Fue el único de los emperadores que no fue deificado sino que, al menos a los ojos de los romanos (y por extensión a todos sus súbditos) había gobernado con la grandeza, dignidad y merecimientos de un ser humano. Fue enterrado junto a su hija Julia en el Campo de Marte donde se levantó una gran pira funeraria y, mientras se discutía si debía ser incinerado en el Templo de Júpiter o en la curia de Pompeyo, dos plebeyos con espadas al cinto prendieron fuego a la pira.




