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José Luis de la Torre Díaz en educahistoria.com

José Luis de la Torre Díaz, director de educahistoria.com nos presenta la ponencia que presentó en el congreso internacional  "Taula d'Història" organizado por el grupo de investigación DHIGECS y celebrado en la Universitat de Barcelona. Estos últimos años han sido indiscutiblemente los del triunfo de las nuevas tecnologías en muchos de los sectores de nuestra sociedad. Quizá la educación ha sido uno de los sectores que más ha tardado en incorporar estas tecnologías. En primer lugar hay que tener en cuenta que la historia de la educación no se ha caracterizado demasiado por la inclusión de tecnología en los últimos siglos. La tiza, la pizarra y los textos han sido los elementos tecnológicos más utilizados en la escuela desde la invención de la imprenta. Además, la disciplina histórica, ha tendido (hasta hace relativamente pocos años) a considerar fuentes históricas fundamentalmente a las fuentes escritas.

Por otro lado, los gurús de las TICs pronosticaron hace veinte años que estas tecnologías, por sí mismas, serían la solución a la mayoría de los problemas educativos. Pero, ¿podemos afirmar en este sentido como Mc Luhan que el medio es mensaje? En algunos aspectos ha sido verdad, es decir, la forma que tenemos de comunicarnos a través de estas nuevas tecnologías condiciona los mensajes, con un predominio de lo audiovisual sobre lo textual. Pero las tecnologías por sí mismas no nos resuelven la clase de historia. Nos facilitan la explicación de muchas cosas que antes se explicaban de forma abstracta pero al final el problema de cómo hacer mejores clases acaba siendo fundamentalmente un problema didáctico. Muchas de las técnicas que han triunfado en nuestras clases en la actualidad se habrían podido llevar a cabo sin nuevas tecnologías.


Las TICs por lo tanto no dejan de ser una herramienta muy potente pero, al fin y al cabo, una herramienta. Es la didáctica de la Historia la que tiene que definir su utilización. Y esta es una de las causas del no-éxito fulgurante de las nuevas tecnologías. En muchas ocasiones los centros educativos se han preocupado de comprar ordenadores y conexiones a Internet sin saber demasiado bien que iban a hacer con las mismas.
No obstante, hay una cosa en la que las TICs han cambiado nuestras aulas. Unifican los soportes de trabajo. Antes, el profesor interesado en utilizar medios audiovisuales en clase tenía que llevar a clase unas veces el proyector de diapositivas, otras veces el vídeo, otras un mapa desplegable, otras un reproductor de audio… Ahora todo esto se ha unificado en un soporte, el soporte informático. Teniendo un ordenador y un proyector el profesor puede utilizar todas las técnicas audiovisuales.
Pero el incremento en la utilización de las TICs en los últimos años no se ha centrado sobre todo en el aprovechamiento audiovisual de sus potencialidades. El profesorado de Historia y de otras materias no se ha convertido en un manejador del lenguaje audiovisual sino que ha hecho servir en las nuevas tecnologías las habilidades que ya manejaba anteriormente. Por este motivo la mayor utilización de las TICs en la clase de Historia (igual que en la mayoría de las materias) es la del lenguaje textual, es decir, especialmente la sustitución del libro de papel convencional por textos electrónicos. Estas tecnologías permiten ahorrar dinero en fotocopias de documentos, poder insertar  fotografías, gráficos y esquemas tanto en color como en blanco y negro. Las nuevas técnicas de trabajo han sido utilizadas justo en aquellos aspectos donde en realidad son menos competitivas con el libro y los textos convencionales. Precisamente la lectura de textos por pantalla suele ser más dificultosa que la lectura de un libro convencional.
No es normal que nuestro profesorado conozca programas informáticos de retoque fotográfico o de montaje de vídeo o sonido, pero casi todos los profesores contemporáneos conocen la utilización de los llamados procesadores de texto.
 

Nativos digitales

educahistoria.com

Podemos definir a nuestros alumnos actuales como nativos digitales mientras que la mayoría de profesores somos inmigrantes digitales. El concepto de nativo digital lo puso de moda Mark Prensky y tiene más o menos las siguientes características: es un sujeto en el que la ortografía se convierte en un código impenetrable; son capaces de teclear SMS con una sola mano y a una velocidad más que razonable; pueden llegar a mantener 10 conversaciones diferentes simultáneamente con mensajería instantánea (messenger), etc. Este es uno de los conflictos fundamentales para encarar esta cuestión. Lo alumnos saben muchas cosas y son capaces de trabajar con abundante información a la vez pero tiene muchos vicios de aprendizaje porque ningún profesor les enseñó. Todo lo adquirieron a través de “colegas” o siendo autodidactas mediante el sistema ensayo/error.
Por otra parte tenemos a los profesores (inmigrantes digitales). Los alumnos son multitarea pero con una capacidad de atención dividida. Los profesores se centran en sólo una tarea antes de empezar otra pero con una capacidad de atención mayor. La disyuntiva es ¿qué es mejor hacer muchas cosas a la vez regular o una sola bien pero gastando mucho tiempo?
Desgraciadamente esta situación ha llevado a que lo que se aprende en clase no tiene mucho que ver con lo que aprenden los alumnos. Son dos mundos que esperemos no sean irreconciliables. Es necesario que nuestros alumnos tengan una formación en los lenguajes y las prácticas audiovisuales, ya que la mayor parte de su tiempo (por lo menos de su tiempo libre) trabajan con ellas. Y por otra parte debemos motivar a los profesores para que aprendan que si utilizan correctamente estas tecnologías serán ellos los primeros beneficiados. Es necesaria la creación de materiales educativos atractivos y motivadores tanto para el aprendizaje de los alumnos como el de los profesores.
 

Situación actual:

El panorama que se dibuja con lo descrito hasta ahora no es demasiado halagüeño. ¿Cuál es el estado de la cuestión hasta ahora? Pues desde el punto de vista técnico podemos afirmar que las TICs todavía no están introducidas mayoritariamente en la mayoría de los centros educativos. Hay muy pocos medios (un aula de ordenadores, algún proyector…) pero los medios deberían permitir incluir estas tecnologías en el trabajo habitual del aula. Y eso con los medios de los que disponemos hoy por hoy es imposible. Esto provoca que los profesores interesados en el tema tengan que ir de clase en clase cargando el aparataje a cuestas. Como no hay demasiada formación didáctica la mayoría de las clases son clases magistrales.
En los centros educativos donde se utilizan las TICs para enseñar Historia, se usa mayoritariamente la pizarra digital utilizándola para como refuerzo de la clase magistral, se escanean mapas históricos, obras de arte o se refuerza el discurso del profesor con presentaciones de power point. Muy pocas veces  hay una participación activa de los alumnos en el aprendizaje de la materia.
Hasta ahora esto se había visto agravado por las dificultades técnicas. Generar una página web, o presentaciones interactivas, o materiales didácticos multimedia requería de altos conocimientos técnicos. Pero desde la aparición de lo que se ha venido en llamar la Web 2.0 las cosas están cambiando sustancialmente. Es un sistema basado en una tecnología que no requiere casi ningún conocimiento técnico para publicar materiales por Internet. Basado en entornos colaborativos y en el que los usuarios comparten información y recursos. Para una didáctica de la historia magistral y convencional la Web 2.0 es una herramienta de mejora pero para una didáctica de aprendizaje activo de la Historia la Web 2.0 puede ser revolucionaria.
 

Cambios didácticos

Tradicionalmente, en la enseñanza de la Historia los alumnos han tenido un papel bastante pasivo. Hay un proverbio oriental bastante famoso:”dime algo y lo olvidaré, enséñame algo y lo recordaré. Pero hazme partícipe de algo y entonces lo aprenderé”. Creo realmente que aprender haciendo es el nuevo camino iniciado ya hace algunas generaciones por la escuela activa. Sólo acabamos aprendiendo aquellas cosas que hacemos. El resto las memorizamos durante un tiempo y quedan aparcadas en algún rincón de nuestro cerebro. Hasta ahora, en Historia, esta metodología ha sido muy difícil de aplicar porque no podíamos llevar a nuestros alumnos a una excavación arqueológica (por falta de tiempo) para que aprendieran a excavar. Llevar a un archivo histórico a una clase de primero de ESO es una tarea igualmente muy compleja igualmente. Además, para que los alumnos de estas edades empiecen a aprender el oficio de historiador, es decir, aprendan a trabajar con fuentes, hay que prepararlos puesto que no tienen del todo desarrollada la capacidad de abstracción. Si les preguntas qué ven en unos restos arqueológicos la mayoría responderán que sólo ven un montón de piedras más o menos ordenadas.  Y en este camino las TICs sí que tienen o pueden tener un papel determinante. Podemos acercar documentos reales al trabajo diario del aula, podemos hacer reconstrucciones virtuales de restos arqueológicos o de situaciones históricas.
El problema fundamental para agilizar el trabajo con fuentes es el espacio/tiempo. Muchas de las cosas que deberíamos enseñar o mostrar a los alumnos están lo suficientemente lejos del aula para que no podamos ir y venir en una hora. Y además realizamos sólo 2 ó 3 salidas en el año en nuestra asignatura. Evidentemente, no hay que renunciar a estas salidas, pero las TICs e Internet nos permiten trabajar en colaboración con otros centros, conseguir imágenes, materiales, reconstrucciones, documentos archivísticos, etc. Esto lo podemos hacer ahora mucho más rápidamente.
Igualmente, la posibilidad del trabajo colaborativo entre los alumnos del mismo centro y de otros centros se facilita enormemente en red. Los nuevos entornos de campus virtuales permiten nuevos estilos de trabajo, en el aula y, sobre todo, fuera de ella.
Deberíamos crear en nuestras clases pequeños historiadores en potencia. Deberíamos enseñar y aplicar la metodología del historiador en las clases y deberíamos huir de convertir a nuestros alumnos en unos loritos que memorizan fechas, personajes, mapas, etc.
 

Metodología histórica

Lo que proponemos desde aquí es convertir la clase de Historia en un pequeño laboratorio. Sabemos que inicialmente esto no es fácil porque si bien los centros y sus correspondientes equipos directivos estás acostumbrados a proveer espacios físicos para laboratorios de Ciencias Naturales o Tecnología, no lo están preparados para que el profe de Historia les pida un espacio a tal efecto. Si a esto añadimos las estrecheces de espacios que tienen muchos centros podemos deducir que no será nada fácil conseguir este objetivo. Pero sí que las TICs nos pueden ayudar a preparar nuestro laboratorio virtual al que podrían acceder alumnos y profesores a través de ordenadores conectados a la red. Básicamente los materiales de este laboratorio deberían servir para trabajar con fuentes históricas adaptadas a los chicos, crear hipótesis explicativas iniciales, analizar y clasificar y criticar fuentes históricas, aprender a entender la causalidad histórica y acabar dando una explicación histórica de los hechos estudiados. Desde este punto de vista las nuevas tecnologías no son una herramienta más de las que tradicionalmente dispone el profesor sino una herramienta tan poderosa que puede ayudar a cambiar cualitativamente la didáctica de la historia.
 

El nuevo rol del profesor de Historia

En este orden de cosas deberíamos diseñar un nuevo rol del profesor de Historia. Este nuevo profesor debería ser un buen conocedor de los materiales multimedia buenos y útiles publicados en la red. Si esto no es así estamos condenados a repetir una y otra vez cosas hechas ya por otros docentes en alguna parte del mundo. Este profesor debería también ser un conocedor de las técnicas multimedia básicas a nivel de usuario. En estos momentos sería muy útil para nosotros ayudarnos de nuestros alumnos que, en general, dominan mejor los aspectos técnicos. Estamos ante una nueva figura que podríamos definir como profesor on line. Esto no quiere decir que debe estas 24 horas al servicio del alumno sino que aumenta sus posibilidades de relación a un ámbito más amplio que la clase (desde un punto de vista físico). Será un docente que habla mediante programas de mensajería, recoge y manda sus tareas a través del campus virtual, acostumbra a utilizar el correo electrónico con sus alumnos, etc. Evidentemente este perfil nos dibuja a un maestro nada tecnofóbico con una mentalidad abierta pero crítica hacia todas las nuevas técnicas. Los historiadores sabemos mucho de las resistencias que tienen todas las sociedades a lo largo de los tiempos para aceptar los cambios.
Muchas veces ante este panorama los profesores tienden a sentir cierto “ahogo” con todas estas nuevas técnicas que debe aprender. Deberíamos aprender algo de nuestros alumnos, de esos nuevos nativos digitales. Ellos no aprenden todas las técnicas de programas y máquinas de la a a la z. Utilizan aprendizaje selectivo y colaborativo. Cuando empiezan a trabajar, por ejemplo, con un procesador de textos no se aprenden todo el manual. Utilizan lo ya aprendido de otros procesadores, recurren a foros de internet cuando no saben hacer algo específico y no se preocupan de saberlo todo sino de saber lo que necesitan. Lo que dominan en este campo bastante bien es sintetizar conocimientos: saben que los menús de impresión son similares en casi todos los programas, que las negritas son idénticas en la mayoría de los procesadores (por seguir con el mismo ejemplo),... Nuestros alumnos han abierto un programa de retoque fotográfico cuando tenían una foto que retocar; en cambio nosotros nos ponemos a hacer un curso de retoque sin fotos (espero que se me entienda la exageración). Los inmigrantes digitales tenemos que aprender a aprender desde el punto de vista telemático. Nuestra sensación de ahogo es comparable a la que nos acoge cuando empezamos a trabajar en una gran bibliotecas y nos enfrentamos con su inmenso fichero. Deberos tranquilizarnos y saber desde el primer momento que no podemos leernos todo de todo, sino que hemos de elegir sólo lo que nos es útil para el trabajo que vamos a realizar. La selección, la optimización, la elección de unas técnicas de trabajo frente a otras es la esencia de cualquier aprendizaje.
Los profesores actuales también se estresan mucho cuando les dices que el futuro del profesor es estar on line 24 horas. Esto no quiere decir ni mucho menos estar a todas horas a disposición del alumno ni estar dando clase a todas horas. El concepto es básicamente la ruptura de barreras. Cuando la clase es nuestro único punto de encuentro con los alumnos es en ese espacio y durante ese tiempo donde se producen todas las relaciones profesor/alumno. Ahí se imparten clase, ahí se realizan ejercicios y exámenes, ahí se recogen los trabajos escritos. Si un alumno se pierde una clase no ve a su profesor hasta la próxima. Lo que queremos decir con el profesor on line 24 horas es que las TICs nos permiten agrandar las aulas, podemos impartir clases telemáticamente a través de presentaciones, nos pueden entregar los trabajos y ejercicios a través de los campos virtuales, los alumnos pueden consultarnos cosas a través del correo electrónico y de la mensajería instantánea. Y todo esto, añadiendo al lenguaje escrito fuentes sonoras y visuales que pueden enriquecer mucho el trabajo pedagógico.
Debemos vencer todas las resistencias tecnofóbicas. Los historiadores sabemos mejor que nadie la resistencia a los cambios que tienen las sociedades humanas. No podemos caer en un fallo que nos pasamos la vida resaltando. No debemos ser los luditas de las nuevas tecnologías.
Pero no debemos confundir una visión positiva de las nuevas tecnologías en esta futura clase de historia con un panorama idílica. Como en todas las cosas de la vida, no es oro todo lo que reluce. En este tema, los numerosos intereses económicos hacen que muchas “cosas-aparatos-programas” tengan mucho de fuegos de artificio. Si uno se deja llevar por las banalidades acaba despilfarrando los pocos recursos de los que disponemos en los centros y especialmente en los departamentos de Ciencias Sociales.
 

El nuevo rol del alumno de Historia

La verdad es que estas generaciones de alumnos que tenemos en las clases de primaria y secundaria en la actualidad son lo que podríamos llamar generaciones huérfanas en el sentido de formación de nuevas tecnologías. Todo lo que han aprendido ha sido mayoritariamente de forma autodidacta. Nadie les ha formado, nadie les ha enseñado. Su táctica fundamental tiene que ver con las pruebas ensayo/error o con las técnicas didácticas de las productoras de videoconsolas de juegos. Han tenido un aprendizaje sólo intuitivo, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Este sistema presenta una gran velocidad de aprendizaje pero poco selectivo. Además, nuestros alumnos tienen dificultades de atención graves. Prefieren clickar a pensar. Evitan la lectura siempre que pueden y se guían fundamentalmente por su intuición.
Estas generaciones y las que vendrán tendrán que reciclarse en estos aspectos. Aquí la didáctica general tiene un gran camino que recorrer. Los docentes tenemos que entender que el punto de partida en el aprendizaje (a diferencia de los últimos siglos) está básicamente en el lenguaje audiovisual y no textual o, por lo menos, no sólo en el textual. A los nuevos alumnos digitales tendremos que enseñarles el lenguaje escrito pero también necesitarán una formación en lenguaje audiovisual. Tenemos que enseñarles a “leer” también el sonido y la imagen. Todos estos lenguajes no son incompatibles sino complementarios. Y en este sentido, los historiadores tenemos una asignatura pendiente. Casi siempre trabajamos con fuentes históricas textuales. Sólo los historiadores del arte trabajan con imágenes habitualmente. Debemos incorporar a nuestro trabajo habitual docente fuentes audiovisuales siempre que se pueda. Un ejemplo, lo tenemos en los recientes e interesantes trabajos en las aulas de historia oral. La mayoría de los historiadores (y alumnos) trabajan con transcripciones escritas de entrevistas cuando son mucho más visuales resúmenes en vídeo de estas entrevistas.
 

Los nuevos materiales educativos

Todos estos cambios didácticos que llevamos explicados hasta aquí no pueden realizarse totalmente sino acometemos una pequeña revolución en los materiales didácticos. Hasta ahora el elemento fundamental de trabajo en las aulas son los libros de texto convencionales. La revolución en estos libros de texto ya se inició hace unos años con la incorporación en los mismos de imágenes a color, mapas y diagramas históricos y reconstrucciones virtuales con ilustraciones. Pero creo que todo esto se queda corto. Los materiales de enseñanza que ser también materiales audiovisuales que ahora son sólo un complemento de los textos. Las industrias culturales (editoriales, instituciones educativas, etc.) tienen la responsabilidad de cambiar esta dinámica. Los nuevos elementos didácticos tienen que ser coherentes y formar un todo lógico. Quizá habrá que aprovechar la disminución de costes que nos proporcionan las nuevas tecnologías para poder llegar a todas partes con un precio asequible. Los textos en formatos electrónicos, las presentaciones, los documentales didácticos tienen que ser un todo y no partes complementarias unos de otros. A veces puede parecer que existe una lucha entre los textos y todo lo demás y no es así. No es sólo un problema de costes sino de mejoras cualitativas.
En este punto sería fundamental que las universidades enseñaran a los profesores de historia (futuros y actuales) técnicas de aprendizaje y materiales didácticos relacionados con las TICs. Tanto en materiales físicos (aparatos) como en materiales didácticos.
Si nos creemos de verdad que la utilización didáctica de estos materiales debe ser habitual en las clases no puede haber 3 ó 4 proyectores por centro. El profesor tiene que disponer de los medios para utilizarlos en cada clase.
El trabajo colaborativo entre los docentes tiene que ser un hecho para aprovechar todas las iniciativas de mejora en la calidad de las clases. Debemos entender que la utilización de estas tecnologías a quienes pueden beneficiar es a nosotros mismos. No es una moda snob, no son juguetes caros, no son fuegos de artificio, son herramientas útiles para el trabajo en las aulas y fuera de ellas. Este mismo artículo es una demostración de las contradicciones del sistema. Utilizamos el texto para hablar de imágenes, sonido, video, etc. Espero que la próxima ponencia de estas características pueda presentarse en formato digital para aplicar la filosofía de la praxis.

José Luis de la Torre Díaz

Director del portal www.educahistoria.com

Miembro del grupo DHIGECS de la Universidad de Barcelona sobre didáctica en Ciencias Sociales

Profesor del Departamento de Ciencias Sociales del IES Escola Municipal de Treball de Granollers

Para contactar: emtdelatorre@gmail.com