Reportajes

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La profesora de Didáctica de las Ciencias Sociales Pilar Rivero de la Universidad de Zaragoza nos presenta un Documental sobre la ciudad romana de Bílbilis, situada en las cercanías de Calatayud (Zaragoza, España). Presenta los resultados de cuarenta años de trabajos arqueológicos en este yacimiento. Ha sido realizado por el grupo de investigación Urbs de la Universidad de Zaragoza con la colaboración artística y técnica de la productora IMGENIO y financiado dentro de un proyecto de investigación del Gobierno de Aragón desarrollado entre 2007 y 2009.

 

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Circula desde hace algún tiempo, en forma de presentación y en cientos de blogs y webs, la increible historia de unas fotografías inéditas del ataque japonés a Pearl Harbour en 1941, que llevó a los EEUU a entrar en la II Guerra Mundial. La presentación viene acompañada de bastantes datos sobre el episodio histórico, número de víctimas, daños materiales,... Todo ello más que conocido por historiadores, profesores y aficionados a la historia.

La novedad del asunto estriba en que, según se dice, las fotografías han sido recientemente reveladas 68 años después y provienen de la película encontrada sin revelar en el interior de una vieja Kodak Brownie, como la que podéis ver en la imagen. La cámara habría sido descubierta en un armario y pertenecería a un marinero del navío USS QUAPAW ATF-11O.

Las fotografías son reamente espectaculares, como podéis ver y además... auténticas.

 

Peral Harbour 1

¿Cuál es entonces el problema?

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Cabecera renacimiento ciencia moderna

 

 

Como hemos dicho antes, el pensamiento científico de Aristóteles era tan potente que su influencia duró casi dos mil años sin que nadie se atreviera a cuestionarla seriamente. Antes de revisar estos cuestionamientos conviene echar un vistazo a los principios científicos del filósofo griego, que significó un gran progreso en su tiempo pero un freno para la ciencia siglos más tarde.

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Cabecera siglo XIV

 

Después de la crisis del siglo XIV, Europa está otra vez en condiciones de intentar una nueva aventura cultural. De esa crisis ha quedado como herencia para el futuro una actitud de cuestionamiento de los grandes sistemas teológicos medievales que va a dejar un espacio libre para intentar nuevos caminos artísticos y filosóficos, así como un interés naciente por comprender este mundo en el que vivimos, interés que se expresa sobre todo en los rudimentos de una nueva ciencia.



Constantinopla 1453

Se suceden en esta época una multitud de acontecimientos capaces cada uno de ellos de sacudir profundamente el modo de vida medieval. Constantinopla cae en poder de los turcos (1453), lo cual provoca que muchos intelectuales de Oriente emigren a Italia, llevando con ellos la lengua y la cultura griega. La invención de la brújula permite un desarrollo importante de la navegación, que entre otras consecuencias hacen posible la expansión marítima y comercial de Europa y el descubrimiento de América (1492). La utilización de la pólvora influye en la decadencia de la antigua nobleza, cuyos castillos comienzan a caer bajo las balas del cañón, facilitando así el dominio de las monarquías autoritarias que reinan en los nacientes estados nacionales y que reemplazan el poder disperso de los nobles de la Edad Media. La invención de la imprenta ayuda a difundir la cultura y favorece la Reforma religiosa al facilitar a los creyentes el acceso al texto de la Biblia. Desde el punto de vista económico empieza a surgir una nueva clase, la burguesía, que carece de títulos nobiliarios pero posee abundantes recursos financieros a los que deben recurrir los mismos reyes para financiar sus guerras y sus cortes: no faltará mucho para que esta clase comience a adquirir poder político. Se comienza a preparar la Revolución Francesa y el capitalismo moderno. Todo ello sin contar la revolución científica, de la que nos ocuparemos más adelante.Carabela

El Renacimiento toma su nombre de la vuelta a la cultura clásica greco-romana que se produce en estos siglos, superando una Edad Media que se consideraba oscurantista y bárbara. Pero esta afirmación es demasiado simplista. Es verdad que en el siglo XV y XVI la cultura de buena parte de Europa alcanza en poco tiempo un grado de refinamiento que no conoció en los siglos pasados con una nueva interpretación de la época clásica. Pero el corte no es tan claro como parece. En muchos sentidos el Renacimiento es una prolongación de la Edad Media, y en el siglo XVI se produce en muchos lugares un retroceso con respecto a la apertura del siglo anterior. La Inquisición, por ejemplo, es especialmente activa en esta época y a más de un renacentista le costó el cuello su búsqueda de novedades. Más que un florecimiento general de la cultura, el Renacimiento constituye un campo de batalla entre una cultura que no quiere morir y una nueva forma de vida que se abre paso trabajosamente. Y ello no del mismo modo en todas partes: el Renacimiento pleno, sobre todo desde el punto de vista artístico, se produce en Italia, y se contagia en diversa medida y con distinto ritmo al resto de Europa.

Retrato de humanistaSin embargo, y teniendo en cuenta estas restricciones, se pueden señalar algunas características comunes de estos nuevos tiempos. Quizás la más importante sea el descubrimiento que el ser humano hace de sí mismo: el hombre empieza a mirar su propia realidad, a valorar lo humano por su propio valor y no por ser el resultado de la creación divina. “El hombre es un Dios humano”, decía el Cardenal de Cusa. El humanismo renacentista intenta lograr un nuevo ideal humano, un modelo de hombre adecuado a los nuevos tiempos. Y así como los teólogos medievales habían recurrido a los viejos griegos en busca de inspiración para su pensamiento, los renacentistas hacen lo mismo, aunque con resultados muy distintos.

El hombre del Renacimiento redescubre su cuerpo, que la Edad Media había expulsado de su cultura, se interesa por el mundo que habita y las leyes que lo rigen y toma conciencia de su poder frente a él. Donde más se nota este nuevo humanismo es en las artes plásticas. La diferencia con el arte medieval no radica en el talento de los pintores y escultores, sino en la diferente intención de los artistas. Mientras la representación del cuerpo humano en la Edad Media era sólo un pretexto para expresar la trascendencia divina, en el Renacimiento la representación del cuerpo, frecuentemente desnudo, forma parte de ese interés por lo humano que se expresa en todo el arte de esta época. Se introduce la perspectiva en la pintura, que constituye una afirmación de que toda la realidad se somete al punto de vista de quien la representa. La naturaleza empieza a intervenir en el arte y no sólo como fondo sino con una reproducción muy cuidadosa de sus características. En definitiva, el artista del Renacimiento mira al mundo que le rodea, mientras que el medieval lo consideraba sólo un reflejo de una realidad trascendente. Y lo mismo sucede en la música, la poesía o la literatura.

No hay que pensar, sin embargo, que el Renacimiento deja de interesarse por la religión. La mayor parte del arte de esta época es arte religioso y el ateísmo aún no ha aparecido en la escena intelectual. La diferencia con los siglos anteriores radica en que se trata de una religiosidad distinta: se valora el mundo considerando que en él resplandece la obra de Dios, mientras que en el arte medieval se miraba la tierra como un mero peldaño para ascender hasta la trascendencia. Las posturas panteístas, de las que hablaremos luego, expresan esta concepción renacentista que considera el mundo como un ser divino, y por lo tanto valioso en sí mismo.

Sin embargo, no son estos siglos especialmente fecundos para la Filosofía, aunque no faltan pensadores interesantes. Buena parte del pensamiento filosófico de la época se dedicó a comentar a Platón y Aristóteles y a las escuelas helenísticas, ignorando y aun despreciando los movimientos científicos que nacían en esa época y que marcarían más adelante la orientación de la Filosofía. Surgió en esta época el divorcio entre “ciencias” y “letras” que persiste en la actualidad. Tal vez los cambios eran demasiados y demasiado bruscos para que la Filosofía encontrara la necesaria distancia que se necesita para pensar sosegadamente lo que la época exige. Dijo Hegel que la Filosofía es como el búho de Minerva, que alza el vuelo al anochecer, queriendo expresar que el pensamiento filosófico reacciona una vez que la historia ha señalado su camino. Tal vez tenga razón. En cualquier caso, habrá que esperar un poco para que llegue la gran Filosofía moderna.

Mientras esta llega, se pueden señalar algunos autores que hicieron aportaciones interesantes. Nicolás de Cusa (1401-1464), por ejemplo, un filósofo de transición: medieval en sus planteamientos básicos, adelanta sin embargo una visión moderna de la naturaleza que se acerca al panteísmo, afirmando que el universo es infinito, que carece de centro y que la tierra se mueve, todo ello interpretado utilizando símiles matemáticos.


Juan Pico della Mirandola (1463-1494), es el autor de una famosa “Oración por la dignidad del hombre”, que constituye un manifiesto del nuevo humanismo. Pico imagina (siguiendo un texto de Platón) que en el momento de la creación del mundo Dios agotó todos sus dones en las criaturas superiores e inferiores al ser humano, de tal modo que cuando llegó el momento de crear al hombre no le quedaba ya nada que darle. Decide entonces que en lugar de otorgarle una esencia determinada, como a todo lo demás, le concederá la posibilidad de convertirse en lo que él quiera: podrá elevarse hasta convertirse en un ángel o degradarse hasta ser una bestia. Pico adelanta así una concepción del hombre que reaparecerá de otro modo en el existencialismo del siglo XX.
 

Nicolás Maquiavelo (1469-1527) es considerado el creador de la ciencia política, que independiza de la ética a la que había estado unida desde Platón en adelante. También en esta línea de filosofía social, renacen en esta época las utopías o modelos de sociedades perfectas, siguiendo la tradición de La República platónica, como las de Tomás Moro (1480-1535) y Campanella (1568-1639). Giordano Bruno (1548-1600) tuvo, como Tomás Moro que fue decapitado, un destino trágico, ya que terminó quemado en la hoguera por la Inquisición. Aceptó el heliocentrismo de Copérnico, que enseguida veremos, y la infinitud del universo, afirmando además que existen en él otros mundos habitados. Su concepción del universo es claramente panteísta: se trata de un organismo viviente, que no es otra cosa que el despliegue de Dios mismo.

Muchos otros autores se dedicaron a releer a los griegos desde una óptica distinta, renunciando a los sistema teológicos que dominaron la Edad Media y atendiendo a la originalidad del ser humano en el conjunto del universo. Todo ello recibiendo la influencia de los pensadores árabes, que provenían de una cultura mucho más elaborada que la de la Edad Media europea. Pero quizás la influencia decisiva para comprender los siglos que se avecinan hay que buscarla en el profundo cambio que sufre el pensamiento científico desde finales del siglo XIV hasta el siglo XVII, que comentaremos enseguida.


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Cabecera siglo XIV

Los dolores de parto del Renacimiento que vivirá occidente en el siglo XV y XVI se acentúan en el siglo XIV. Quizás sea verdad que todos los siglos son de crisis, pero la crisis del siglo XIV es especialmente grave, porque abarca todos los niveles de la civilización occidental. En primer lugar, una profunda crisis política: la relativa armonía del llamado “doble poder”, el político del Emperador y el religioso del Papa, se rompe definitivamente. El precario Imperio anterior se fragmenta en multitud de Estados y Principados que se proclaman independientes. La Iglesia tampoco se salva: el Cisma de Occidente divide a la Iglesia hasta el punto de que compiten dos Papas rivales. Y los enfrentamientos entre uno y otro poder se multiplican.



Danza de la MuerteA mediados de siglo llega de Asia la peste bubónica, que hace estragos en Europa, hasta el punto de que casi un tercio de la población muere por ella. Además de las terribles consecuencias directas, la peste trae importantes consecuencias económicas: escasea la mano de obra y los soldados gratuitos, de modo que se introduce la práctica del trabajo asalariado y el desarrollo del funcionariado, preparando así la llegada del capitalismo.

Sin embargo, la cultura antigua no muere. Se refugia sobre todo en Oriente, en Constantinopla, donde sobrevive el antiguo Imperio, enriquecido con la floreciente cultura árabe que había asimilado buena parte del legado griego, hasta el punto de que el griego seguía siendo la lengua utilizada allí. En estos tiempos difíciles la superioridad de la civilización oriental sobre los restos del Imperio Romano de occidente es enorme, de tal modo que su influencia sobre la Europa en crisis será decisiva en los siglos siguientes.

Las consecuencias de esta situación histórica son muy importantes para la Filosofía. Sucede algo que recuerda la crisis del helenismo, en el siglo III antes de Cristo. Las grandes síntesis filosófico-teológicas elaboradas a partir de los sistemas de Platón y Aristóteles empiezan a cuestionarse, y surgen nuevas ideas que prepararán el camino a la Filosofía moderna. También el pensamiento científico comienza a abandonar su sumisión a la filosofía aristotélica y a buscar nuevos caminos más basados en la experimentación y la observación de la naturaleza que en la pura especulación, como veremos más adelante.

Duns Escoto (1266-1308) y Guillermo de Okham (1248-1349) constituyen dos ejemplos de esta actitud crítica ante los grandes sistemas del pasado. A Escoto se le ha llamado “el último escolástico”: pese a que trata de construir un sistema, se atreve a poner en cuestión algunas tesis de San Agustín (su principal referente ideológico) y muchas de Santo Tomás. Pero el pensador más característico de esta nueva actitud crítica que prepara tiempos futuros fue Guillermo de Ockham, en quien vamos a detenernos un poco más.

Ockham se dedica a poner en cuestión y demoler todos los grandes sistemas anteriores, desde el platonismo hasta el aristotelismo tomista. Hoy lo llamaríamos un “deconstructor”. Su importancia en la historia del pensamiento no consiste tanto en sus afirmaciones sino en la nueva actitud que asume al filosofar: la crítica como método, que más tarde Descartes llevaría a su madurez.
En primer lugar, la razón y la fe se separan por completo: las afirmaciones de la fe son indemostrables por la razón, incluyendo la existencia de Dios y la existencia del alma. Y lo mismo sucede en los temas morales: no existe una ley natural que la razón humana pueda conocer. Si lo hubiera querido, Dios podía haber creado un mundo en el que odiarle fuera una virtud, ya que toda la creación depende de su libre voluntad, que la razón humana no puede alcanzar.

La razón humana queda así adelgazada pero independiente. Si bien es cierto que tiene que renunciar a conocer muchas cosas, también lo es que en su campo se libera de la tutela de la fe.

¿Y cuál es ese campo? Es el campo de los individuos concretos y singulares: este hombre, aquel árbol. Los conceptos universales, que Platón afirmaba que existían en sí mismos y que Aristóteles y Santo Tomás suponían que tenían un fundamento real en las cosas mismas, serán en adelante meras palabras, meros nombres que sólo existen en nuestra mente y que se fundamentan sólo en la semejanza de unos objetos con otros. Por eso su sistema se ha llamado “nominalismo”: los conceptos son nombres, “soplos de voz” y no realidades. Nuestro entendimiento conoce directa e intuitivamente cada uno de los objetos singulares que se le presentan: toda la teoría tomista del “fantasma” y la abstracción es echada por tierra. Los conceptos universales son signos lingüísticos que se forman espontáneamente en el entendimiento al captar el parecido de unas cosas con otras. El estudio de estos signos y sus diversas clases da lugar a los importantes aportes que hizo Ockham a la lógica.

La Filosofía queda así muy simplificada. Ha pasado a la historia con el nombre de “la navaja de Ockham” su afirmación de que no hay que multiplicar los entes sin necesidad: un sabio principio que se opone a las sutiles complicaciones de las que está llena la historia de la Filosofía y la Teología y que tendrá mucha influencia en la ciencia que comienza a nacer en esta época. Porque la novedad de esta ciencia naciente radica en que abandona los conceptos metafísicos (como la sustancia, la forma, la esencia, los accidentes...) y se dedica a observar la naturaleza y a describir el orden natural tal como se muestra a la observación y evitando prejuicios teóricos. Pero esto lo trataremos más adelante.

Probablemente la intención última de Ockham fue poner a salvo la trascendencia de Dios, su libertad creadora, y para hacerlo tuvo que independizarlo totalmente de este mundo y sus leyes terrenales. Pero al hacerlo abrió un espacio de libertad para la razón humana: la Filosofía ya no está en función de la Teología como ayudante suya sino que es capaz de fundamentar sus conclusiones en la observación directa de la realidad. Quizás sin saberlo ni pretenderlo, Ockham prepara el camino para aquella “mayoría de edad de la razón” que se está gestando lentamente y con muchos retrocesos.