Todo el mundo coincide en la importancia de la educación para el desarrollo social, espiritual y económico de la civilización mundial. Bien, y si nos dejamos de monsergas y empezamos a hablar más claro.
Los siento en semicírculo y los vuelvo a provocar. A las ocho de la mañana de un viernes lo más normal es aburrir a las ovejas con la explicación de las causas de la segunda guerra mundial (que ya las estudiaron el año pasado en cuarto de ESO) o con las etapas de la guerra fría (que se las traen al pairo, incluso a mí). Les pregunto a quemarropa que glosen una de mis virtudes. ¿Glosen?¿Virtudes? Sí, un piropo. Una cualidad positiva del profesor de Historia del Mundo Contemporáneo, los pongo en un aprieto, les incito la creatividad y la honestidad, para darme jabón ya me lo doy yo. Alguno se exclama, ¡por favor, Jordi! Otra de las tuyas. Pues claro. ¿Adónde quieres ir a parar? Siempre quieren controlarlo todo, son la generación zapping, si no me gusta lo cambio, si tengo que pensar lo critico.
La primera en disparar Andrea, alumna con inquietudes pero con frenos internos, afirma sin rubor que mi principal input es ir más allá del currículum. Sergio, otro alumno con altas capacidades pero con una vagancia descomunal me acusa sin piedad de escuchar a los alumnos, ¿y eso es extraño? La mayoría de profes no nos escuchan responde seriamente. ¿Por qué? Porque se creen intocables, porque lo saben todo. Karen y Noemí coinciden en que les hago pensar, intento que se hagan “ollas” (debe ser un eufemismo de interrogantes, dudas). Sergi, un desubicado (no debería estar en Bachillerato si no fuese por esta moda de convertirlo en guardería) me agasaja con una flor: Tienes empatía. ¿Qué entiendes por empatía? Es mejor asegurarse que no lo han escuchado en la esquina y lo repiten como loritos. Ponerse en nuestro lugar, comprendernos. Prueba superada. Neus lleva un tiempo pensando lo que es políticamente correcto, azorada, nerviosa, qué cosas tiene este profe, piensa para sus adentros lo mejor es que se ponga a explicar nimiedades y nos deje en paz. Todo eso pasa por su cerebro, como no acaba de exprimir su inteligencia se sale por la tangente y se suma a las opiniones expresadas. Marta, la crítica del grupo, después de fruncir el ceño se inclina por afirmar que les enseño cosas diferentes. Resumiendo, es más fácil poner a parir a un profe que encontrar sus virtudes.
Escribo en la pizarra: Pastillas para una revolución. Inside Job + entrevista a Kelly Nyks, director de Split, una América dividida + Network. Miran desconfiados, delante suyo tienen las últimas actividades de esta asignatura perversa: Historia del mundo contemporáneo.
La palabra revolución les curiosea, por no decir que les gusta, pero la reciben como anacrónica. ¿Nosotros protagonistas de revoluciones? Les hablo del norte de África. Sergio identifica la diferencia: Allí no tienen nada. Nosotros vamos hacia la nada, le hablo del incremento del paro en España, de los recortes en sanidad y educación en Catalunya, del descenso de la capacidad adquisitiva, del poder del sistema financiero… Stop, no es cuestión de desalentar al candidato revolucionario.
No tienen formación para entender las artimañas de las grandes entidades financieras americanas que provocaron una crisis en la que ellos ahora están metidos hasta los corvejones. Yo fui parando el video y explicando los intríngulis del descontrol que se expone en el documental Inside Job. Lo que sí les quedó claro es que los mismos que se habían enriquecido con voracidad despiadada ahora se fotografía con Obama y lucen sonrisas Colgate. O sea, que los delincuentes se retratan con la policía, algo huele mal.
Mis espectadores de las ocho de la mañana no tienen ni flowers del Tea Party ni de los chanchullos de la Fox (la Intereconomía americana) pero entendieron que hoy en día los medios de comunicación pueden crear realidades interesadas, lo trabajamos con una entrevista en La Contra de la Vanguardia con el díscolo Nyks.
No contento con el varapalo les proyecté la peli de Sydney Lumet, Network,(gracias Emilio por tus regalitos envenenados). 30 años de antigüedad (para los seguidores de Torrente 4 una reliquia), pero se percataron con facilidad que los medios de comunicación no son inocuos, los (nos) manejan como marionetas y que tienen poderes detrás con intereses concretos. Me dio tiempo de explicarles el Panis et circenses de Roma.
Y sonó el timbre. Me siento satisfecho, imposible dar más sustancia en menos tiempo. La semilla de la revolución está en marcha, plantada a las ocho de la mañana, tiene mérito. Lástima que en las próximas cinco clases que tendrán este viernes sigan administrándoles anestesia a granel hasta dejar sus cerebros listos para un finde banal.
Seguiré sembrando.
J. DE LA TORRE








