¿No te ha sonado el despertador? Seguro que no lo pusiste anoche. Ay, Dios mío, tengo que estar siempre en todo. Levántate, no te hagas el remolón. Mientras te caliento la leche, ves a ducharte. ¡No andes descalzo, por favor! Cuántas veces te he dicho que el suelo está frío y luego te constipas. No dejes la toalla en el suelo después de la ducha. Tira de la cadena después de ir al lavabo. Ya tienes el café con leche como te gusta. Por favor, acaba de vestirte ya, es muy tarde. ¿Te hago el nudo de la corbata? La última vez que te limpio los zapatos, ay, es que madre no hay más que una. Ahora no es momento de entretenerse con los jueguecitos de la agenda electrónica. No te manches, que te conozco. ¿Has mirado si lo has metido todo en la cartera? Ay, hijo mío, si no estuviese encima de ti… Toma un pañuelo, suénate. ¿Te llevo en mi coche? Claro, el tuyo no tiene gasolina, como siempre. Por cierto, te he puesto macarrones para comer, sólo tienes que calentarlos. Llamó ayer tu novia y me tuvo una hora al teléfono, dice que no le tienes atenciones, que solo la llamas cuando te quieres acostar con ella. Eso tampoco es. Yo me la puedo llevar de compras alguna tarde pero haz el favor de estar más por ella. Hoy iré al mercadillo, ¿te compro calzoncillos? ¿Boxers, verdad? El color te da igual. ¡Qué hombre! Ah, antes de que se me olvide, llama a tu abuela, es su cumpleaños, el regalo ya lo llevas en esa bolsa roja que te puse en el bolsillo derecho de tu cartera. No le hagas ninguna broma de las tuyas. Adiós, que tengas un buen día. Si tienes algún problema, me llamas, ¿de acuerdo? Que no te tenga que llamar a ti, que siempre me haces igual. Un beso. Jo, siempre te lo tengo que dar yo, tú nada más que poner la cara.
(Monólogo de una madre con su hijo de 30 años a las ocho de la mañana de un día cualquiera)
¿Cuándo empezamos a trabajar la responsabilidad? ¡Sólo tengo ocho años! ¡Sólo tengo nueve años! Y así, creciendo creciendo llegamos al épico, ¡sólo tengo treinta años! Por qué sobreprotegemos a nuestros hijos? Los hábitos son ejercicios de larga duración, se requieren camiones de paciencia cuando los cachorrillos no responden a nuestras demandas. Puede ser más práctico vestir al niño que esperar que se uniforme de motu propio. ¡La última vez! Ellos, más listos que el hambre saben que la advertencia no es inamovible. ¡Hay que resistir! ¡Dobleguemos las tentaciones! Aunque sea con ligueros de púas es preferible que llegue tarde al colegio que se ponga la faldilla del revés o que vaya por el mundo despeinado. Y lo mismo con las cosas del cole. Los deberes son su responsabilidad, el estudio también. ¿Y si suspende? Recuperará. ¿Y si no lo hace? Volverá a suspender. Un suspenso en Sociales es más fácil de remediar que uno en Responsabilidad. Cuando perdemos la batalla el niño se convierte en una máquina peligrosa, dirige las vidas de todos los que están a su lado, por los siglos de los siglos.
“Quiero que no le falte de nada, que tenga lo que yo no tuve”. La espichamos. Nuestros adolescentes tienen tiranías muy fuertes, no pueden vivir sin su play station, sin sus bambas Adidas y sin su dinerito en el bolsillo. ¿Cómo afrontarán los cambios que impone la crisis? Desde el trono del emperador, que les importe un pepino si su padre está en el paro pero que no les falte saldo en el móvil. Desde la responsabilidad, si hay que arrimar el hombro pues se arrima.
No vale el comodín de la sociedad. Un padre me susurra al final de una reunión: yo le prohibiría irse a dormir a las tantas pero al día siguiente llega a clase y lo marginan por no haber visto el capítulo de la serie de moda. ¡Pobreticos! ¡No crearemos semejante trauma a nuestros churumbeles! Nada, nada, que lleguen con ojeras a la clase de las ocho pero que no sean unos parias sociales.
Me dice una madre: No sabes cómo se pone si no le compro los cromos. Se vuelve como loco. Ya está, los reyezuelos de la casa castigan a sus progenitores con el enfado, con la mala educación o con la locura. Papaítos y mamaítas, tendremos que aguantar el tirón. ¿Qué pasó en tres generaciones? ¿Cómo unos padres educados en la férrea disciplina permiten tamaño libertinaje a sus hijos?
Tendremos que cambiar, ponernos las pilas, como sociedad y como individualidad empezar a reformar nuestro sistema de creencias. Por un hijo, daría la vida. La heroica frase, cargada de buenas intenciones, puede ser muy traicionera. Dar la vida se debería traducir como mantenerse firme en unos principios de sensatez que busquen la responsabilidad de nuestros hijos.
Como sigamos produciendo generaciones de irresponsables serán más peligrosos para el planeta que el agujero de la capa de ozono.








