Archive for enero 2011

Cuenta la leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Esta huía rápido de la feroz predadora y la serpiente al mismo tiempo no desistía. Huyó un día y ella la seguía, dos días y la seguía… Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente: ¿Puedo hacerte tres preguntas? No acostumbro dar este precedente a nadie pero como te voy a devorar, puedes preguntar contestó la serpiente… ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?- preguntó la luciérnaga. No- contestó la serpiente. ¿Yo te hice algún mal dijo la luciérnaga? No- volvió a responder la serpiente. Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?

¡Porque no soporto verte brillar…!

(Encontrado en el grupo Psicóloga Emocional de Facebook)

Yo y él o ella. Ese juego diabólico de las comparaciones. Cuando me quedo atrás envidio. No me alegro de los éxitos de los demás, los vivo como fracasos propios. Yo y ellos. Los otros como vara medidora de mi vida. Cuánta energía derrochada en equilibrar las diferencias, en corregir las distancias imaginarias que nos separan, energía que podría invertirse en la creación, en la realización, en ser feliz. Yo y los demás. La envidia como fuerza centrípeta que no conoce límite. La envidia, sentimiento insano que nos consume y hace que consumamos a los demás. La envidia potencia la dualidad interior, cada vez me escucho menos a mí y me dejo llevar por el ruido de los demás. Mi autoestima se derrumba cuando no llego al listón. Por el contrario, cuando puedo mirar a los demás por el retrovisor me siento seguro. Mi seguridad nace en los demás y muere también en ellos.  Consumo tanto ardor en perseguir a los demás que mi interior está dominado por la oscuridad.

Ceso la filosofía para adentrarme en la cotidiana y cruda realidad. Hay cientos de profesores rojos que iluminan cual luciérnagas su entorno. Los alumnos los detienen por los pasillos, les consultan sobre su vida y sus conjuntos, los jalean, los inundan a mensajes en el facebook. Pero las serpientes se deslizan sibilinas por los pasillos para devorarlos sin piedad. El talento les ciega, prefieren el gris de las programaciones absurdas, intentan empapelar de documentos inservibles las ventanas de donde irradia la luz. Cómo ceñirse a programaciones estrictas cada día y cada hora, la vida es movimiento, cambio, se rediseña a cada minuto. Un acontecimiento inesperado puede ser una oportunidad para enseñar y para aprender. Alguno de los treinta alumnos que nos sufre los lunes por la mañana seguro que ha vivido una experiencia gozosa o traumática este finde, ¿nos importa? Perdón, se me olvidaba no está programado. ¡A piñón! Es igual que en Egipto se esté liando la marimorena o que con la mierda de la crisis nos estén recortando hasta el bigote. Bla, bla, bla…¿lo habéis entendido? Por supuesto, si dicen que no les vuelvo a fustigar con el mismo rollo pero con distintas palabras. ¿El fracaso escolar? Nos tiene muy preocupados, sin duda, el próximo que gane las elecciones lo arregla fijo.

Creo que se necesita un congreso de luciérnagas de forma urgente porque como se extinga la luz nos arrepentiremos.

Siempre admiré el coraje de los grandes exploradores. Amundsen por ejemplo. Dirigió la expedición a la Antártida que por primera vez alcanzó el Polo Sur. Metódicamente fue aplicando técnicas aprendidas a lo largo de su vida para sobrevivir en medios hostiles, parecían hombres hechos de otro material, de inquebrantable voluntad frente a los elementos. Héroes.

Quedan poco territorios por conquistar en este dolorido planeta, tal vez los grandes viajes serán en este siglo hacia el interior. Yo estoy empecinado en adentrarme en el inhóspito mundo de la SENSIBILIDAD, se ha extraviado con tanta banalidad, está oculta entre el marasmo intelectual. Sin duda, apasionante reto el de rescatar a nuestros adolescentes de la nada, de los bombardeos de zafiedades de diferente índole, siempre beben de las mismas fuentes, total, que al final se han creído que esa es la única realidad disponible.

Yo me encasqueté esta semana el anorak de Amundsen y a riesgo de sucumbir ante las miradas desaprobadoras de mi público me arriesgué a pasar a unos alumnos superadulterados de doce años la película protagonizada por Gerard Depardieu que lleva por título Mis tardes con Margueritte. Mientras preparo el proyector las fieras me muerden con sugerencias de pelis para el futuro. Todas van en la misma dirección: alienígenas que sacan las tripas por la boca, asesinatos al por mayor, sexo encubierto, castañazos, leñazos, guarrazos, violencia en bote grande.

Mis tardes con Margueritte es la historia de un analfabeto que interacciona con una venerable viejecita que le pone en la senda de la literatura y que le borra la b de basto y se la cambia por una v que le abre un universo mucho más extenso. No explicaré el argumento, os recomiendo el visionado. No parecía ser bocadillo de gusto para esta juventud experta en cine de todo a cien (consumen pelis por un tubo). En los lares reflexivos cojean, contaba con que alguno  bostezaría de puro aburrimiento o que les costaría exprimir todo el meollo de la historia porque las tramas a las que están acostumbrados son más simples. No son recomendables las expectativas.

No tuve que llamar la atención, por lo tanto primera sorpresa. Quedaron atrapados en la ternura que destila la desigual relación entre Germain y Margueritte. El problema surgió cuando aparecen los títulos al final, una voz en off, la del protagonista los acompaña, la profundidad de lo que explicaba quedó apagada por sus cotorreos, suelen despertar a la que aparece el nombre del director y jalear a los buenos que siempre triunfan. Tuve que volver a poner el final, pausa y para atrás y otra vez para adelante. La voz del b/vasto protagonista parece fluir desde el cielo:

Fue un encuentro poco corriente entre el amor y la ternura. En su camino no había duda, tenía nombre de flor, vivía rodeada de palabras, de adjetivos traídos por los pelos, verbos que crecían como la hierba, algunos se colaban de una forma oscura. Ella atravesó mi cascarón y se me coló con dulzura hasta mi corazón. En las historias de amor no hay siempre sólo amor, a veces, no hay ni un te quiero, y sin embargo, queremos. Fue un encuentro poco frecuente, la conocí por azar en un parque delante de la plaza, no abultaba mucho, no  era más grande que una paloma con sus pequeñas plumas. Allí estaba rodeada de palabras, de nombres comunes como el mío, Me dio un libro, luego otro, páginas que estallaron ante mis ojos. No te mueras todavía, tienes tiempo, espera. No es tu hora, pequeña flor. Dame un poco más de ti. Dame un poco más de tu vida. Espera. En las historias de amor no hay siempre sólo amor, a veces, no hay ni un te quiero. Y sin embargo, queremos.”

Desde el otro día me han llegado noticias de que no hace tanto frío en la Antártida.

Hoy y el próximo miércoles impartiré un taller sobre creencias limitadoras a los alumnos de segundo de Bachillerato del Instituto GALLECS de Mollet del Vallés. Llleva por título: CREO EL QUE CREC (Creo lo que creo).

En una hora intentaremos abordar los temas siguientes: ¿Cómo dejar de pensar y empezar a sentir? El diálogo del consciente con el insconsciente. ¿Vivir delibradamente o vivir adoctrinado? La felicidad: ¿causalidad o casualidad? ¿Qué son las creencias? ¿Qué es la realidad? ¿cuántas realidades existen? ¿Dónde nacen las creencias? ¿Dónde compré mis creencias? ¿Cuáles son las mejores? ¿Las puedo elegir?

El objetivo de este taller es ofrecer herramientas para que los asistentes puedan CREAR su futuro con aquellas CREENCIAS que los hacen LIBRES Y RESPONSABLES . El objetivo superior: SER FELICES.

Ni la alergia a los tufillos emanados por los adolescentes poco higiénicos, ni la inflamación de las cuerdas vocales de tanto desgaste echando broncas, ni la muerte masiva de neuronas al corregir exámenes. La enfermedad profesional que merece estudio urgente por parte de todos los ministerios de sanidad es la REUNIONITIS.

Esto que diré a continuación no es políticamente correcto y puede herir los oídos sensibles de muchos compañeros y rectores educativos, me arriesgo a recibir cornadas pero creo llegado el momento de huir de eufemismos y de llamar al pan pan y al vino vino. 

Empecemos por la gran reunión: el claustro. La distribución espacial es significativa: en mi instituto nos articulamos en tres círculos concéntricos en torno a una mesa rectangular enorme (de biblioteca) presidida por la directora. Nos damos la espalda unos a otros, no está previsto que podamos interaccionar, dialogar. Esta distribución facilita espacios protegidos donde refugiarse de los monólogos del poder, éste lo consiente, otro síntoma de docilidad que les tranquiliza. La participación del profesorado se reduce a una firmita en la hoja de control de asistencia y algunas discrepancias testimoniales, los históricos por nostalgia y los responsables por convicción. Pero sin energía, para qué, si al final harán lo que les dé la santa gana. Se vota a mano alzada en forma borreguera, son acuerdos que necesitan de la aprobación del claustro pero que tirarán adelante aunque no la tengan. Todo se ata en la trastienda. Poco a poco el respetable empieza a rebullirse en la silla pidiendo el fin de la función. Sesenta profesionales cobrando del erario público con productividad cero coma cero. ¿1800 euros a la basura? En tiempos de crisis y en tiempos de bonanza, un derroche. Sorprende que nadie ataje este dispendio, o tal vez sea muy lógico, mejor tener hastiados a los profes, disuadirlos de su poder, poner el cartel de Imposible Transformar Nada, fumigar de innovación los institutos y promover la faceta individualista y haragana.

Sigamos por las reuniones de jefes de departamento. En sus manos debieran estar las grandes directrices pedagógicas del centro, deberían actualizarse las metodologías, trasmitir las inquietudes reales de los departamentos, hacer propuestas de mejora sólidas. Basta, basta, basta…. Freno. Fin del sueño. Estas comisiones vuelven a ser receptoras de los mensajes del Gran Hermano que todo lo controla, en estos foros se mantiene debates de gran calado: dónde pueden y no pueden fumar los alumnos de Bachillerato, medidas imposibles para mantener los lavabos en orden, maquillaje de las estadísticas para que no se suspenda más de lo normal y no nos fastidien las subvenciones de calidad, preparación de las jornadas de puertas abiertas, correcciones en los pies de documentos. En fin.

Continuemos con las reuniones de equipos docentes. Trascendentales para abordar la complejidad de un curso. Profesores que dan clase buscando estrategias conjuntamente para mejorar el proceso de aprendizaje de sus alumnos. Que sí, que sí… que fulanito es un golfo, y zutanita una fresca, y el de más allá un gamberro. Y que no hay quien pueda con esta clase y que como no cambien ya verás tú. Y que yo ya les dije que se quedarían sin excursión. Y que deberías llamar a los padres y poner verde al niño. Profesores desesperados anónimos en terapia de desintoxicación.   

Horas y horas desperdiciadas, y mientras, nos destinan una escuálida hora semanal para escuchar a las familias. Como no llegan, nosotros ponemos de nuestro bolsillo lo que falta, que es mucho. Horas y horas desperdiciadas y no tenemos ni una hora para reunirnos con alumnos y escucharlos, orientarlos personalmente, resolver sus dudas existenciales y otras funciones que apañamos en circense ejercicio por los pasillos en horas de bocadillo.

Menos reunionitis y más sentido común. ¿Hace?

 

En el año 1980, el fisioterapeuta, osteópata y kinesiólogo belga Raphael Van Assche descubrió la Kinesiología holística. El objetivo es procurar lo que fortalece al cuerpo y evitar lo que lo debilita. Es curativo e integral. Yo tuve la suerte de profundizar en este método en un curso impartido por Philippe Bombeeck, fisioterapeuta y kinesiólogo, y os aseguro que las posibilidades que ofrece esta disciplina son sorprendentes.

Este método asocia los aspectos estructurales, químicos y psíquicos de la vida. Los músculos reaccionan a los estímulos exteriores, ya sean de índole psíquica, química o estructural. Esconde cosas tan increíbles como que cuando una persona es escéptica durante un tiempo suficientemente largo,  la nariz empieza a alargarse, a irse hacia abajo. Si es muy inocente, la nariz tiende a irse hacia arriba. Así que, al cabo de cierto tiempo, el cuerpo adopta unas posturas y rasgos propios de la persona misma.  El cuerpo es reflejo de nuestro interior y todo lo que nos afecta de forma psíquica se refleja también en nuestro cuerpo.

La kinesiología se puede utilizar para numerosas razones: heridas físicas, traumatismos,  comportamientos limitados en situaciones de trabajo, escuela o reuniones,  problemas de peso o incluso de imagen. También se utiliza para tratar los  problemas de aprendizaje. Esto es lo que nos interesa.

Este último tipo de kinesiología es la kinesiología educativa, muy famosa gracias al libro Brain Gym del Dr. Paul E. Dennison y de Gail E. Dennison. Ellos apuestan por el movimiento como la clave para el aprendizaje y proponen una serie de ejercicios que ayudan a mejorar en las diferentes habilidades: ortografía, lectura, comprensión, memorización, etc.

Según el libro, que incluye ilustraciones sobre los movimientos y ejercicios físicos que hay que realizar según el problema de aprendizaje, la solución al fracaso escolar está en un aprendizaje  en varios frentes, implicando en ello al conjunto del cerebro mediante la modificación y corrección de los movimientos adquiridos que ayudan al alumno a acceder a partes de su cerebro que anteriormente se encontraban bloqueadas. Estos movimientos pueden llevar al alumno a experimentar cambios positivos inmediatos en su actitud y en muchas habilidades concretas. Según el editorial que aparece en la contraportada del libro éste es “Un manual que aporta nuevas técnicas para perfeccionar los sistemas clásicos de aprendizaje de nuestros hijos”.

Además en el libro hay  joyas como la siguiente: “No hay niños vagos, retraídos, agresivos o enfadados; sólo hay niños a los que se les niega la capacidad para aprender de una forma que es instintiva en ellos. Si damos la posibilidad de moverse a su manera el niño es perfectamente capaz de completar el ciclo de aprendizaje. No estará bloqueado y se encontrará en libertad para aprender.” Tomaremos nota.

Estos chinos nos traen a mal traer. Primero empezaron con los megabazares en los que encuentra desde una chincheta a un hinchador de colchones de playa a precios irrisorios. Luego aparecieron los restaurantes luminosos y de decoración surrealista en los que se come por diez euros y encima te regalan una pulsera al final del ágape (ningún comentario sobre la digestión posterior). Más tarde nos hemos enterado que compran euros para no se devalúe nuestra moneda, ¡será posible! ¡Salvadores de la otrora poderosa Europa! Un mercado impresionante, una extensión gigantesca, lo han copado todo. Zapatero hace escasas fechas los presentó como los nuevos Mr. Marshall, el de las cejas sonreía por los cuatro costados, árnica para la manida crisis (¿ahora sí?). Y no contentos con todo lo anterior, nos dan lecciones de moral.

Amy Chua, profesora de Derecho en la universidad de Yale la ha liado parda. Ha escrito un libro (Himno de Batalla de la Madre Tigre) en el que pone a parir a las familias occidentales. Nosotros tranquilos, Amy ha disparado básicamente contra los hogares yankees pero como peregrinamos cada finde a Mcdonalds y chupamos cine de Jollivú a raudales, con la consecuente trasmisión de valores, podemos entender que las acusaciones son compartidas.  “Cuando los niños fallan en algo, en lugar de decirles que hay que trabajar duro, la primera cosa que los padres occidentales hacen es plantear un pleito.” No se corta la profesora y dispara sin compasión a la laxitud de los papaítos y mamaítas. “No estoy segura de que los occidentales tenga opción de elegir. Los padres sólo hacen lo mismo que hacen los demás. No se cuestionan nada. Simplemente repiten las cosas, que a los niños les has de dar libertad para que persigan su pasión, que no es más que dejarlo diez horas con Facebook, una total pérdida de tiempo.” Amy  ha agitado el país del tío Sam con las comparaciones oriente-occidente:  “Lo que los padres chinos entienden –teoriza Chua– en que nada resulta divertido hasta que uno no domina esa materia. Para esto se ha de trabajar duro y los críos, por sí mismos, nunca quieren trabajar, por lo que es esencial anular sus preferencias”. Amy fundamenta sus teorías en que  “una madre china nunca teme ser odiada por sus hijos porque siente que ella sabe lo que es mejor para ellos y por eso no se ablanda ante sus deseos”.

Denunciamos la precaria situación de la democracia en China (el Premio Nobel de la Paz  Liu Xiaobo es una muestra), pero nos deja perplejos que se mantengan al margen de las crisis globales y que su economía haya experimentado un crecimiento exponencial en los últimos tiempos. Imagino que las teorías de Chua tienen aspectos cuestionables pero yo no seré quien la lleve a la hoguera.

Los progenitores y profesores occidentales hemos dimitido demasiado deprisa de la educación en el esfuerzo. El mando a distancia es el paradigma, todo tiene que ser fácil, ¿y si se trauman? Pues se trauman cada vez más, mirar las consultas de psicólogos y el consumo de psicofármacos entre el público adolescente. A las primeras dificultades, connaturales con todo proceso de aprendizaje, emergen víctimas de las catacumbas (estrategia digna de inteligentes emocionales) que eluden sus responsabilidades y reparten culpas por doquier. Mi padre no está conmigo todo lo que yo querría, no me entiendo con mi madre, el profe es un aburrido, la escuela no motiva, la sociedad es una porquería, el futuro es negro. Moraleja: siglos delante de la tele y del Facebook para mitigar tanta podredumbre que los circunda.

No quiero sumergirme en un discurso melancólico, cualquier tiempo pasado, amigos, es pasado. Pero sea por las recomendaciones de esta profesora o por nuestras propias reflexiones, es hora de ir soltando amarras, de dejar que nuestros herederos se enfrenten sin salvavidas a su propia vida (¡propia!), dejemos que se estampen de bruces con el fracaso y que los gestionen con sus propios recursos y si acaso llenemos su zurrón de muchas herramientas. No les privemos de las grandes lecciones de la vida, las que nacen de la experimentación en carne propia. No nos necesitan tanto como creemos, nos nos hagamos imprescindibles, que al final será verdad y luego nos quejamos de que no saben cambiarse los pañales a los cuarenta años.

En fin, dejemos la capa de Superman colgada en el armario y probemos a colocarnos algún que otro tapón en los oídos.

 Empezamos a estar orgullosos. Lenta pero constantemente LA SECTA DEL PROFESOR ROJO se va engrandeciendo. Poco a poco van llegando escritos de profesores que sienten verdadera pasión por la enseñanza.

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto ejerciendo mi profesión, vocacional sin lugar a dudas; me sobra el papeleo, necesario obviamente, pero me sobrepasa. A  lo que iba, después de una visita a una colonia industrial con mis alumnos decidí unilateralmente mostrarles una película sobre el tema -La revolución Industrial, la sociedad de la época y las condiciones miserables en que trabajaban- y así poner en práctica eso de los conocimientos transversales. La película, pensaba yo, será un fracaso  pues es larga (4h), en inglés, y subtitulada únicamente en inglés (está comprada directamente a la BBC), la acción transcurre en la Inglaterra del siglo XIX y nada les podía resultar familiar excepto por las máquinas que habían visto en la colonia y que podían ver en funcionamiento en la película. Pues, queridos todos, cuál fue mi sorpresa cuando aceptaron de buen grado  su visionado; más sorpresas: a) ni una queja por quedarse 10’ más para finalizar el capítulo debido a mínimas interrupciones para explicar y comentar alguna escena; b) cabreo cuando fallaba la tecnología; c) ansiedad por ver el final de la serie y d) que les había encantado a una gran mayoría – chicos incluidos y sin ánimos de peloteo.  Fueron 4 horas de clase casi perfectas, de buen rollo, interés, atención… que parecían estar perdidos y fue muy grato reencontrar. No estaba en la programación, pero creo que habrá más de uno que esté de acuerdo conmigo en que la improvisación  también forma parte de la educación y que si no improvisamos nos anquilosamos, nos aburrimos y aburrimos al personal. Para mí, la improvisación  y la programación son como la cal y la arena del refrán, se tienen que combinar: una de cal y una de arena.

(Pido disculpas anticipadas por verter mi mala leche en este escrito. La culpa la tiene una réplica de Mussolini, un directorcillo de culo apretado que fustiga profesores rojos en la ciudad de Mollet, en un instituto con nombre de parque natural. Espero que las tropas libertarias de la secta del profesor rojo, con las armas cibernéticas, sean capaces de barrer a estos Ben Alí del mapa educativo ¿Hacemos guía Michelin de algunos majaderos que dirigen sin piedad nuestros institutos? Éste gerifalte tiene cinco estrellas.)

Esto se veía venir. La educación hay que tenerla bajo control. Forma parte del manual básico de cualquier político que quiera conservar poltrona. Vamos con la pócima mágica:

  1. Batiburrillo normativo. Los subalternos desconocen sus derechos y obligaciones. Cinco leyes educativas en veinticinco años. Derogaciones, modificaciones, rectificaciones, recursos al constitucional y otras mandangas desorientan al más pintado. Normativas generales, normativas de la comunidad autónoma, normativas de principio de curso, normativas del centro, normativas de calidad, estatuto de los trabajadores, leyes del cuerpo de funcionarios… El guapo que defina con exactitud las obligaciones que comporta la actividad docente tiene una muñeca chochona de premio.
  2. Introducción de las políticas de calidad. Con la excusa de modernizar la educación, de buscar la optimización de recursos y otras trampas, llevamos unos añitos poblando de chapitas de calidad las entradas de los institutos. El fracaso escolar aumenta y la calidad también. ¡Menuda contradicción! Nadie se pregunta nada, hace tiempo que dejamos las capacidades intelectuales colgadas en el armario y nos dedicamos a pasear la porra por los pasillos como único argumento de peso. Documentos (inútiles en su mayoría), pies de página, encabezamientos, formularios, encuestas, registros pueblan las carpetas de profesores que con menos sueldo y más trabajo se ven sobrepasados por unas demandas que rozan el patetismo. Ay, bendita inocencia… ¡Todo por la calidad! ¡Un carajo! Un arma potente para controlar al profesorado díscolo, a los resistentes, con las pruebas fehacientes de la calidad serán torturados y llevados al consejo de guerra previo a la expulsión.
  3. Decretos para reforzar el poder de las direcciones. Los directores convertidos en autoridad pública (en dos días los veo vigilando los parquímetros colindantes a los institutos). Los más sensatos han protestado, los más dinámicos, los que apuestan por motivar al profesorado, han vislumbrado avispados, con visión panorámica, que el riesgo de arbitrariedad puede ser una sombra alargada que haga mella en la convivencia del centro. Esa no es su guerra, para algo hay inspectores, que vengan los hombres del saco, leches. Los directores aumentan de verdad su poder cuando se erigen en dinamizadores y no cuando son réplicas de policías. Siempre hay zafios que creen que un brazalete o un galón eleva su estatus por encima del hombro de los antiguos compañeros. Tienen más peligro que la bomba de neutrones. Qué patética escenografía la de los sabuesos al servicio de un sistema que ofrece prebendas a cambio de cadáveres. Los mandos intermedios controlan la masa dócil sin escrúpulos, con más sarna que los poderosos, muy por encima de las órdenes recibidas. Hay que contentar al señor para que se acuerde de los dictadores en tiempos de ascensos.

Este coctel amenaza estalinismo del bueno. No teníamos suficiente con atender la diversidad cultural, racial y económica. Con lidiar con adolescentes con ínfulas de emperadores del reino de su casa. Con las múltiples exigencias de una sociedad desbordada que busca un chivo expiatorio en los profesores líderes en períodos vacacionales. Tampoco con demandas de auxilio de las familias que no pueden meter en cintura a sus vástagos. Ahora llega la hora de los majaderos, de los neochusqueros invasores que se entrometen en la médula de la profesionalidad de los honestos que no hacen otra cosa que situarlos frente a un espejo y reflejar su ineptitud suprema. No les importa la calidad dentro de las aulas, la desprecian, nunca fueron ni serán modelos de buenos profesionales, arribistas que aprovecharon su oportunidad para huir de las clases, sólo reconocen el oportunismo como virtud matriz. No confían en la educación para la felicidad, sólo fomentan la innovación que persiga su autobombo, disfrutan con el goce íntimo del poder, detestan la creatividad y destacan en la asignatura de vampirismo emocional, detectar los miedos del personal para chupetear la yugular. Poderosos henchidos de mediocridad.

Llega la hora de los valientes, compañeros, y también la de los cagados, los cobardes delatores, los que tragan con todo. La vida cuotidiana en los institutos se complicará con estos reyezuelos zafios con chapa de sheriff del condado. Muchos tienes aspiraciones políticas, sueñan con inaugurar pantanos, saben que sus gobernadores, los responsables de su nombramiento, los eligieron para que mantengan neutralizada a la plebe aunque lluevan chuzos de punta. La sumisión empieza a cotizar alto en nuestra profesión. No crear problemas al de arriba tiene recompensas.

Mientras, los alumnos paciendo en prados de inconsciencia, campando a sus anchas, ajenos a los problemas de los educadores, esperando que algún día llueva coherencia y algo de cordura. Difícil, muy difícil, pero ya se veía venir.

El cerebro detesta la incertidumbre y si los sentidos no le dan suficiente información, se la inventa, mezcla memorias reales con recuerdos imaginados para que las historias rememoradas sean plausibles. La duda tampoco le gusta y se aferra a la realidad subjetiva que más le convenga”.

Estos científicos son la recontrapanocha. No paran de diseccionar el cerebro humano, le adhieren cuatro cables y concluyen que la química es la madre del cordero. Pere Estupinyà (entrevista en La Contra de La Vanguardia) es uno de esos. Ha sido guionista y editor del programa Redes, el del Punset, el de las conversaciones que mantiene el gurú mediático con cerebrines de todo el mundo. Confianza ilimitada en la ciencia, en los experimentos, en la química. Cuando lo veo me siento pequeñito, indefenso, a mí que nunca se me dio bien la formulación y siempre confié en la magia de la literatura, mi existencia en manos de unos desalmados que reducen al amor a un mercadeo de testosterona, dopamina y serotonina. ¡Vaya desilusión! Ni tanto ni tan calvo que decía mi añorada agüelica. En el término medio está la virtud. Pero es cierto que leer de vez en cuando la ficha técnica de nuestro chasis no es mala idea.

Si tras conocer unos minutos a alguien que nos ha gustado nos preguntan sobre él, respondemos con gran optimismo incluso a los aspectos de los que no tenemos datos. Hemos rellenado los huecos de información con expectativas”.

Aquí quería yo llegar, al cerebro mentirosillo que nos traiciona y nos vende lo que le queremos comprar. ¡Qué cabrito! Crea donde no existe, nada de dudas ni de desesperantes incertidumbres. Maravilloso mundo el de las EXPECTATIVAS, en el mundo de la educación las generamos por toneladas. Nos informaron los compañeros de que fulanito de tal era un gamberro, para no traicionar las expectativas forzamos la realidad hasta que se cumple lo pronosticado. Cuadro lleno. Cuando un alumno no estudia es un gandul. Cuadro lleno. Cuando suspende muchas fulanita, no será nadie en la vida. Cuadro lleno. Las expectativas transmutan en etiquetas y según los científicos el cerebro duerme tranquilo. Las calificaciones académicas son el ansiolítico que hace descansar el cerebro de los profesores.

En un estudio formaron dos grupos, uno con personas de autoestima muy alta y otro muy baja. Hicieron unas técnicas muy agresivas de pensamiento positivo y resultó que a los que tenían la autoestima baja les perjudicó, así que mantenga su ironía.”

Fulanito de tal el año pasado era un gamberro y éste será Premio Nobel. Cuadro lleno. El alumno que no estudia, es porque tiene una piedra en el zapato, cuando se la quitemos tendrá ojeras de las noches de estudio. Cuadro lleno.  Si a fulanita le han quedado un carro esta evaluación, lo mismo deja el Bachillerato y se dedica a ser modelo y gana un dineral. Cuadro lleno.

¡Ay, Jordi, siempre con tu ironía! Dicen los que saben, los científicos, que sirve para potenciar la autoestima en aquellos bichos humanos que la tienen por los suelos. Receta para los profes rojos. Gratuita.

Este es un tipo llamado Juanderson. A los 14 años como muchos jóvenes de 14 años del sistema educativo brasileño abandonó la escuela. Era aburrida. Y Juanderson, en cambio, fue hacia lo que le brindaba oportunidad y esperanza en el lugar que le tocó vivir, que era el tráfico de drogas. Y a los 16 años, en un ascenso rápido, administraba el tráfico de drogas en 10 favelas. Movía 200.000 dólares por semana. Empleaba a 200 personas. Para los 25 años iba a estar muerto. Por suerte conoció a este tipo que es Rodrigo Baggio, el dueño de la primera laptop que apareció en Brasil. En 1994 Rodrigo comenzó algo llamado CDI que tomaba computadoras donadas por las empresas las ponía en centros comunitarios de las favelas y creaba lugares como este. Lo que cambió a Juanderson fue la tecnología para el aprendizaje que hacía del aprendizaje algo divertido y accesible”.

Charles Leadbeater, innovador independiente y asesor estratégico de prestigiosas empresas, cambia el foco de posición. Finlandia ha sido el referente educativo en los últimos tiempos. Cientos de pedagogos y otros estudiosos de prestigio se han sumergido en el milagro finlandés para buscar pautas con las que poner tiritas a nuestra malherida educación. Leadbeater propone girar 180 grados la brújula, pone su mirada en las favelas brasileñas, en barrios marginales de ciudades paupérrimas africanas y asiáticas. ¿Cómo se aprende en esas circunstancias tan complicadas donde el SIDA y el hambre aprietan?

La educación funciona TIRANDO no EMPUJANDO”. El cambio verbal es clave en la motivación que se necesita para que sea fructífero el acto de aprender. Nuestro sistema obligatorio EMPUJA a los alumnos como corderillos, les obliga a permanecer en perfecto estado de revista las horas reglamentarias, les suministra medios y profesores, les etiqueta con exámenes, los recupera con exámenes extraordinarios y requetextraordianarios, les ofrece múltiples salidas para que no abandonen la guardería y molesten a ciudadanos de pro. El alumno carece de iniciativa personal y es una caja que se deposita de curso en curso. Todos dentro de la gran cadena de producción.

Juanderson es otra cosa. O tiras de él o acabará acribillado a balazos a los 25 años. O le ofreces una recompensa inmediata, o les abres un mundo diferente o lo MOTIVAS, o esta criatura diabólica será engullido por su entorno. No irá ningún policía a buscarlo si no asiste a clase, no hay servicios sociales, nadie le EMPUJA. Leadbeater, con astucia, intenta encontrar los cromosomas de la motivación en esos mundos donde el futuro no existe. “El aprendizaje ha de ser productivo para que tenga sentido”.

Recomiendo una escucha atenta (Tomatis otra vez) de esta conferencia de Charles Leadbeater que se encuentra en la plataforma TED.

http://www.ted.com/talks/lang/eng/charles_leadbeater_on_education.html

(Puedes seguirla con subtítulos en castellano)