Cuenta la leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Esta huía rápido de la feroz predadora y la serpiente al mismo tiempo no desistía. Huyó un día y ella la seguía, dos días y la seguía… Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente: ¿Puedo hacerte tres preguntas? No acostumbro dar este precedente a nadie pero como te voy a devorar, puedes preguntar contestó la serpiente… ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?- preguntó la luciérnaga. No- contestó la serpiente. ¿Yo te hice algún mal dijo la luciérnaga? No- volvió a responder la serpiente. Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?
¡Porque no soporto verte brillar…!
(Encontrado en el grupo Psicóloga Emocional de Facebook)
Yo y él o ella. Ese juego diabólico de las comparaciones. Cuando me quedo atrás envidio. No me alegro de los éxitos de los demás, los vivo como fracasos propios. Yo y ellos. Los otros como vara medidora de mi vida. Cuánta energía derrochada en equilibrar las diferencias, en corregir las distancias imaginarias que nos separan, energía que podría invertirse en la creación, en la realización, en ser feliz. Yo y los demás. La envidia como fuerza centrípeta que no conoce límite. La envidia, sentimiento insano que nos consume y hace que consumamos a los demás. La envidia potencia la dualidad interior, cada vez me escucho menos a mí y me dejo llevar por el ruido de los demás. Mi autoestima se derrumba cuando no llego al listón. Por el contrario, cuando puedo mirar a los demás por el retrovisor me siento seguro. Mi seguridad nace en los demás y muere también en ellos. Consumo tanto ardor en perseguir a los demás que mi interior está dominado por la oscuridad.
Ceso la filosofía para adentrarme en la cotidiana y cruda realidad. Hay cientos de profesores rojos que iluminan cual luciérnagas su entorno. Los alumnos los detienen por los pasillos, les consultan sobre su vida y sus conjuntos, los jalean, los inundan a mensajes en el facebook. Pero las serpientes se deslizan sibilinas por los pasillos para devorarlos sin piedad. El talento les ciega, prefieren el gris de las programaciones absurdas, intentan empapelar de documentos inservibles las ventanas de donde irradia la luz. Cómo ceñirse a programaciones estrictas cada día y cada hora, la vida es movimiento, cambio, se rediseña a cada minuto. Un acontecimiento inesperado puede ser una oportunidad para enseñar y para aprender. Alguno de los treinta alumnos que nos sufre los lunes por la mañana seguro que ha vivido una experiencia gozosa o traumática este finde, ¿nos importa? Perdón, se me olvidaba no está programado. ¡A piñón! Es igual que en Egipto se esté liando la marimorena o que con la mierda de la crisis nos estén recortando hasta el bigote. Bla, bla, bla…¿lo habéis entendido? Por supuesto, si dicen que no les vuelvo a fustigar con el mismo rollo pero con distintas palabras. ¿El fracaso escolar? Nos tiene muy preocupados, sin duda, el próximo que gane las elecciones lo arregla fijo.
Creo que se necesita un congreso de luciérnagas de forma urgente porque como se extinga la luz nos arrepentiremos.







