LA FAMILIA DE TEO

Martes, noviembre 30, 2010

                Mi hija mediana Andrea (13 tacos) que es un lince me asaltó con su ironía innata este verano: la familia de TEO ha hecho mucho daño a mi generación. Primero me descolocó, pero luego me arrancó una carcajada. ¡Qué cabrita!

                Teo es el personaje central de una serie de cuentos creados por Violeta Denou, los contemporáneos de Andrea han aprendido a leer con sus andanzas. Además de juntar letras han comprado creencias en cantidades industriales. Recito la definición de la autora en la página web donde se promocionan los cuentos. “Teo es un niño simpático y divertido al que le gustan mucho los animales y la naturaleza. Es un compañero de juegos y aventuras. Le encanta descubrir el mundo que le rodea con su familia y amigos”. ¡Qué gozo de niño! Me lo adopto. Está para comérselo con su peto marrón y su camisa blaquiazul de marinerito en tierra. Tiene un hermano menor algo trastillo, Pablo es “travieso, alegre y muy movido, imita en todo a su hermano mayor. A veces está un poco celoso de su hermana pequeña”. Y no me descuido de Cleta, el bebé de la familia: “Es muy divertida y sigue a sus hermanos gateando por toda la casa. Le gusta mucho que le pongan un lacito recogiendo su flequillo”. Los tres hermanos juegan con un precioso perrito negro de nombre Puck. Rita es la mamá de estas natillas de niños:” Es alegre y muy cariñosa. Le gusta mucho cantar e ir en bicicleta y organizar juegos a sus hijos. También les ayuda en los deberes del cole.” Completa el idílico panorama Pepe: “Es panadero y le gustan mucho la naturaleza y los deportes. Colabora siempre en casa y juega mucho con los niños”. Siguen la abuela Cleta que “tricota para sus nietos”, el abuelo Teo “que tiene mucha paciencia con los niños”, la tía Rosa que es “bonachona”, el tío Luis “un poco intelectual”, el primo Luis que es “estudioso y simpático”. Y suma y sigue.

                Ande por delante que no cuestiono la familia de Teo en absoluto, bendigo la felicidad y la armonía en la que viven y crecen esas criaturas.  Sólo digo que la generación de mi Andrea tuvo que descubrir por sorpresa que a veces no todo era color de rosa. Que papá y mamá a veces no se llevaban bien, que habían dejado de quererse y que con libertad decidían seguir caminos diferentes. Ahora tocaba vivir nuevas realidades, dividir el tiempo, tener dos casas, nuevas normas, nuevas visiones. A la generación de mi Andrea le ha tocado aceptar que el fin de una pareja no es un fracaso, ni necesariamente tiene que ser un trauma irreparable. Cientos de niños contemporáneos a mi hija, mi propia Andrea, ha tenido que resistir las creencias catastrofistas que le acechaban para victimizarla y que respondiera al papel que los estrechos de cascos han pensado para una hija de padres separados. Esta generación nos da diariamente una lección gestionando con relativa normalidad la aparición de nuevas parejas en la vida de su padre o de su madre y a la vez seguir adelante con sus “cosicas” adolescentes, trabajando sus cárceles y luchando por la felicidad.

                La generación de Andrea también ha tenido que combatir en ámbitos donde se etiqueta de “familias desestructuradas” como si tal cosa sin saber de la misa la mitad. La inconsciencia de los cambios en las estructuras familiares crea atalayas de lástima y paternalismo proporcionando debilidad a nuestra juventud. Necesitamos urgentemente herramientas para educar en la inseguridad global y especialmente en el amor. Creo que la pedagogía sistémica tiene mucho que aclarar en este batiburrillo.

                La generación de los hijos de Andrea (mis nietos) a lo mejor aprenderán a leer con la versión 2.0 de la familia de Teo. La hija (supuesta) de Violeta Denou dibujará una madre que disfruta con el trabajo que realiza y le transmite la pasión a sus retoños (propios y de otra pareja con la que comparte la vida), incluso viste con chaqueta de cuero rojo y faldilla negra arrapada en lugar de esa estampa parroquiana que tiene ahora y sabe distribuir la logística de su tiempo con maestría entre hijos del primer matrimonio y de su segunda pareja que se achicharrará los dedos preparando canalones al mediodía y que recita poesías para dormir a hijos propios y de la madre de faldilla negra arrapada. ¿Un lío? ¿Y qué no lo es?

One Comment

  1. Julia dice:

    Muy bueno el texto! Estaba pensando trabajar Teo y su familia en clase pero quizás deba esperar a la versión 2.0. Nos hemos reído mucho leyendo. Un saludo.

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