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Isabel la Católica. Primera Reina de España



Madrigal de Las Altas Torres 1441 – Medina del Campo 1504

INTRODUCCIÓN

Isabel la Católíca, primera de España, fue una extraordinaria mujer con un gran carácter e inteligencia, con una vida cargada de sufrimientos, luchas, decepciones y triunfos. Tuvo que tomar muy difíciles decisiones y lo hizo. Fue reina sin ser la sucesora debido a una serie de circunstancias externas a ella.

Entre los doce y dieciséis años se enfrenta a duras luchas por esta sucesión, debe defender lo estatuido por su padre, Juan II, en su testamento, incluida una guerra que durará mucho más de lo deseado.

Sufrió las humillaciones y afrentas de su hermanastro Enrique IV (quizá uno de sus enemigos más pertinaces) y de su valido Pacheco.
Hija de una mujer loca y madre de otra, su espíritu tuvo que soportar grandes tensiones. Pero, a pesar de todo ello, llegó a ser uno de los personajes más importantes del
Renacimiento gracias a los trabajos llevados a cabo como reina: final de la guerra contra los moros, unificación de los territorios de España, consolidación de la sociedad civil y religiosa, mejora de la economía, descubrimiento de América, acabar con el poder de la nobleza, etc.

EL PROBLEMA SUCESORIO

Para comprender los problemas sucesorios conviene examinar el árbol genealógico que se adjunta a continuación:

Árbol Genealógico

Enrique IVEnrique IV declaró a Alfonso su sucesor pero, la división entre partidarios de cada uno de ellos, hacía pensar en la posibilidad de una guerra civil. En realidad, Alfonso estaba bajo la tutela (tutela que, muchas veces, encubría un auténtico secuestro) del Marqués de Villena mientras que Juan Pacheco junto con su hermano Pedro Girón (Maestre de Calatrava) tramaba un plan, junto con Enrique, para eliminar a Alfonso y casar a Isabel con el tal Pedro. Gracias a Dios y para tranquilidad de Isabel, este murió el 20 de abril de 1466 cuando iba a Segovia a visitarla. En medio de estas luchas partidistas, Alfonso se intitula rey de de Castilla (sin que hubiera muerto el rey en el poder) en 1457 siendo su primer acto como tal el de restituir a su hermana la villa de Medina del Campo a fin de cumplir con una de las mandas del testamento de su padre. Esta ciudad, en la que al final moriría Isabel, junto con las de Arévalo, Madrigal de las Altas Torres y Segovia, sería de gran importancia en la vida de la futura reina durante su juventud.

Entre los avatares de esta guerra civil no declarada y sin batallas, la ciudad de Toledo pasa del bando de Alfonso al de Enrique por lo que el primero tiene que abandonar la ciudad que será rápidamente ocupada por su hermanastro. Alfonso, desde Ávila, intentará recobrar la ciudad del Tajo. Sin embargo no consiguió cumplirlo porque, enfermó repentinamente muriendo en Cardeñosa en julio de 1468. Se perdía el heredero nato a la corona y desaparecía uno de los protagonistas de las peleas por la sucesión.


Estos enfrentamientos hicieron que los grandes nobles trataran de tener en su poder rehenes de la familia real para tener argumentos de trueque o, simplemente, para conseguir prebendas; así Fonseca y el Duque de Alba tenían a Isabel y Alfonso mientras que Pacheco y otros, tenían a Juana y a su madre Juana de Aviz, esposa (ilegítima) de Enrique.


Algunos historiadores mantienen que Isabel se proclamó reina a la muerte de su hermano pero lo único que hizo fue manifestar por escrito que ella era la sucesora legítima. Ella no podía nombrarse reina ya que esto se hacía por aclamación que tenían que pronunciar los estamentos eclesiástico, nobleza y caballeros y ratificado luego por las Cortes. Además era necesario que Enrique renunciara a la corona que legítimamente llevaba puesto, que la hija de su mujer, Juana, había sido declarada ilegítima y porque Isabel constaba en el testamento de Juan II como su heredera. Al no ser Juana la Beltraneja hija suya y no ser su madre verdadera esposa de Enrique (al no estar divorciado de Blanca de Navarra), era necesario que la Santa Sede se pronunciará sobre estos dos hechos y que el rey declarara a Isabel como su heredera. Era preciso llegar a un acuerdo que satisficiera los intereses de cada una de las partes.

Acuerdo de GuisandoA finales de agosto de 1468 Enrique firmó un memorando en el que reconocía a Isabel como primera en la línea de sucesión, se reconciliaba con ella, se firmaba una especie de paz entre los dos bandos y el sometimiento de todos ellos (especialmente los nobles y el alto clero) a la autoridad de Enrique. Esto quedó firmado por ambos, en Guisando, el 19 de septiembre de ese año y las cláusulas más importantes del mismo son las siguientes:

  • Terminar la guerra entre los dos bandos.
    Isabel era reconocida como heredera y se trasladaría a la Corte.
    En el plazo de cuarenta días sería reconocida como Princesa por las Cortes y la Junta de la Hermandad.
    El rey debía encargarse de la nulidad de su segundo matrimonio.
    Isabel recibe el Principado de Asturias y las rentas de varias ciudades.
    Isabel se compromete a casarse con quién “el rey acordara y determinare, de voluntad de dicha Señora Infanta, con el acuerdo y consejo de los dichos arzobispos, Maestre y conde y no con otra persona alguna”
    Juana de Aviz sería llevada a Portugal pero su hija debía permanecer en la Corte.
La penúltima cláusula quiere decir, ni más menos, que el candidato propuesto debe ser aceptado por ella.

Pero a Pacheco le importaban poco los pactos y acuerdos por lo que empezó a ver la manera de no cumplir el de Guisando para lo que dio los siguientes pasos: Juana no se fue a Portugal; algunas de las ciudades que se habían dado a Isabel, las atrajo al bando de Enrique; estudió la posibilidad de casar a la Infanta con Alfonso V de Portugal (tío de Juana la Beltraneja) para alejarla de España. Isabel, previendo este tipo de cosas, hizo que se elevara a documento público el acuerdo de Guisando y se negó, en redondo, a casarse con el rey portugués, diciendo claramente que, en dicho acuerdo, ella tenía el derecho de elegir esposo (¿había ya elegido a Fernando, último descendiente de los Trastamara y primo suyo?).


En las Cortes de 1469, con ausencia de los representantes de seis de las dieciséis ciudades con derecho a voto, no se procedió al juramento de fidelidad a Isabel. Pacheco se apuntó un nuevo triunfo amparándose en que la Infanta había roto el acuerdo de Guisando al negarse a casarse con el rey de Portugal.

 

ISABEL Y FERNANDO

Fernando de Aragón firma en secreto, en Cervera, el 7 de marzo de 1469 las capitulaciones matrimoniales con Isabel a la espera de la dispensa eclesiástica del Papa por razón de su parentesco. Por este motivo su padre le da el reino de Sicilia y, a su nuera, con la posibilidad de titularse princesa y reina, los señoríos de Borja, Magallón, Crevillente, Siracusa y Catania amén de 100.000 florines de oro. Esta, por su parte, puso a su esposo la condición de reconocer a Enrique IV como único y verdadero rey de Castilla.

El matrimonio tomó enseguida la determinación de rodearse de consejeros procedentes, la mayor parte de ellos, de la Universidad como personas más preparadas para los negocios de la política y mucho menos ambiciosos que los grandes nobles.

Por otra parte Pacheco, actuando casi como rey, (en realidad el rey de verdad era enormemente débil) seguía intentando poner a favor de Enrique a la nobleza terrateniente mientras que Isabel y Fernando se atraían a las ciudades y las regiones.

Fernando ya había establecido sustituir a los validos por Consejos para el trabajo cotidiano y por Secretarios para la ejecución de los acuerdos, con ello garantizaba las libertades de regiones como Asturias y los Señoríos de Álava y Vizcaya. Pare conseguir esto, Fernando envió emisarios a Borgoña e Inglaterra para garantizarse de que los privilegios y ventajas que tenían los marinos vascos en aquellas costas les serían respetados. Agradecidos, los procuradores de Vizcaya prometieron a Isabel, de la manera más solemne, “antes morir que abandonar su obediencia”.


En 1471, con fecha 9 de noviembre, el Papa, por fin, firma la bula por la que se les otorga la dispensa matrimonial legalizando su matrimonio. También nombra cardenal a Pedro González de Mendoza y envía a España a Rodrigo de Borja para conseguir de los príncipes su ayuda en la guerra contra los turcos.

Este Rodrigo, que en Italia cambió su apellido por el de Borgia, había nacido en Játiva y era, por tanto aragonés (sería Papa con el nombre de Alejandro VI) se puso desde el primero momento a favor de Isabel por lo que la familia Mendoza hizo lo mismo.

El 27 de diciembre de 1473, en el Alcázar de Segovia se reconcilió Isabel con Enrique gracias a los esfuerzos, empeño y eficiencia de Cabrera y su mujer Beatriz de Bobadilla. En ese tiempo Pacheco estaba mal de salud y, aunque quiso poner a Segovia a su favor, con esta reconciliación no pudo lograrlo. Enrique también estaba enfermo de forma que muere un año después, el 12 de diciembre de 1474 en Madrid con mucho sufrimiento por lo que, algunos, hablaron de envenenamiento como Juana la Beltraneja y, en nuestras días, Gregorio Marañón. Sorprendentemente muere sin dejar testamento alguno lo que dejaba sin determinar la sucesión a la corona.

Isabel acude a Madrid para asistir a las exequias por su hermano pero, al salir de la Iglesia de San Martín donde se celebró el funeral, salió a la plaza y quitándose los lutos que llevaba sobre vestiduras ceremoniales, se presentó ante el pueblo que la aclamó como reina así como a Fernando su marido. Sabido es que los reyes en Castilla lo eran no por coronación ni por consagración sino por aclamación y esto es lo que se hizo en la plaza Mayor de Madrid; Fernando estaba en Cataluña para frenar la conquista del Rosellón por parte del rey francés. Inmediatamente después el acto de la plaza Mayor, se dio cuenta de tal hecho a las ciudades en las que, en las siguientes fechas, se procedió a la aclamación y declaración de reconocimiento.

El arzobispo de Toledo y cardenal, Carrillo, siguiendo su costumbre de oponerse a Isabel por todos los medios, propagó la teoría de que esta había actuado sin esperar a Fernando arrogándose todos los poderes. Por ello envío a este, de camino a Segovia, personas de su confianza para que le pusieran en antecedentes de lo que había hecho su mujer sin consultarle. La llagada del marido a Segovia hizo que se aclarase todo al asegurar Isabel que había actuado en nombre de los dos.

Consecuencia de esto fue la redacción de un documento arbitral, firmado por los cardenales Mendoza y Carillo en el que se establecía que los dos reinarían al unísono con preferencia, en algunas cuestiones, para Isabel (tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando). Este documento tiene de positivo el reconocimiento de que la mujer podía ser reina y, además, gobernar; esto es, que tiene la capacidad de tomar decisiones y de mandar ejecutarlas. Se firmó el día 15 de enero de 1475. El documento establece pormenorizadamente cuales son las funciones de la reina.

El 28 de abril del mismo año, teniendo los reyes que actuar por separado, Isabel entregó a su marido un documento por el que delegaba en él sus poderes, sin renunciar a ninguno de ellos y Fernando hizo lo mismo cuando fue nombrado rey de Aragón, a la muerte de su padre, el 14 de abril de 1481.

GUERRA DE SUCESIÓN

Alfonso VSin embargo, cuando ya creían Isabel y Fernando haber superado todos los obstáculos, va a estallar la guerra civil. Aunque el pretexto era el de imponer a Juana como reina de Castilla, lo cierto es que era la Unión de los Reinos lo que levantaba recelos entre los países limítrofes, Portugal y Francia.

El primero deseaba asegurar su frontera terrestre, estando pendiente de los asuntos de ultramar. Alfonso mantenía que era para defender los intereses de su sobrina (que luego sería su esposa por muy poco tiempo ya que se casó sin la debida dispensa) que, a la sazón tenía solamente doce años.

Francia tenía miedo a la unión de Castilla y Aragón por la posibilidad de perder la influencia que tenía sobre Navarra, dominada por los D´Albert franceses. Alfonso envía emisarios a Castilla para pulsar la ayuda que podría recibir en sus pretensiones; bastantes nobles le contestaron afirmativamente y, con la promesa de estos, se presenta ante Isabel para reclamarle los derechos de su sobrina a la corona.

Como siempre en todas las historias se producen anécdotas que denotan el estado de la situación. En este caso se trata de D. Beltrán de la Cueva, “presunto” padre de Juana que participa en un torneo organizado por los Reyes Católicos y del que sale vencedor. Parece que tenía claro cuales eran los derechos de su hija.

Isabel quiere llegar a una conciliación con los partidarios de Juana auspiciada por su suegro Juan II, pero todo resulta inútil. El rey de Portugal llega a Plasencia el 25 de mayo de 1475 con su ejército y su sobrina, comprobando de inmediato que no se iba a producir el levantamiento a su favor que le habían prometido. Sin embargo hace proclamar a Juana reina de Castilla. El día 29 celebra desposorios con su sobrina “por palabras de presente” pero que, por lo ya señalado, no tenía legitimidad. Al día siguiente Juana con 13 años firma un manifiesto que le presentaron, justificando sus derechos al trono y que fue enviado a las ciudades afines que resultaron ser muy pocas mientras que los partidarios de Isabel aumentaban continuamente. Alfonso V consigue algunos triunfos iniciales pero tiene que asistir a las defecciones de los partidarios de Juana, como fueron las ciudades de Toledo y Burgos. Esta última fue ocupada por Alfonso pero fue recuperada por Fernando con lo que toda la ciudad por iniciativa propia, se pasó a la obediencia de Isabel. Al rey portugués solamente le quedaban las ciudades de Zamora y Toro que también cayeron en manos de Fernando, con lo que Alfonso, con su hijo Joaö que había venido a ayudarle, se volvió a Portugal terminando así esta primera fase de la guerra de Sucesión.

Como consecuencia de esta intentona, los Reyes Católicos comprendieron que había que acabar con los privilegios de los Señoríos, nobles de alto rango que desde antes de Enrique IV, se habían enriquecido enormemente y no de forma demasiado legal y a costa del patrimonio real.

Era conveniente obtener de ellos la obligación de ser fieles a los reyes y trabajar a su servicio. Para ello entablan negociaciones con todos ellos, tanto con los partidarios de Juana como con los de Isabel. Consiguieron que se devolvieran a la corona un número importante de propiedades y de sus rentas, se les confirmó la propiedad de todos a aquellos que hubieran adquirido antes de 1464 y se les ofrecieron generosas indemnizaciones por los Señoríos, ciudades y cargos que tuvieron que devolver. Los reyes tenían claro que no podían humillar a los grandes nobles ya que dependían de ellos para muchas cosas.

Entre 1477 y 1478 Isabel tiene que viajar a Andalucía para resolver problemas planteados por los insaciables nobles, sobre todo aquellos que formaron parte del grupo de Juana. Viajó sola y tuvo que tomar importantes decisiones aunque el tema del patrimonio de los señoríos ya había quedado firmemente establecido con anterioridad. La primera parada la realiza en Guadalupe donde había de ser enterrado su padre, luego Cáceres, Sevilla, Córdoba, etc.

En Sevilla resolvió el enfrentamiento entre el Duque de Medinasidonia y el Marqués de Cádiz empeñados en aumentar su poder a costa del otro. Las medidas tomadas por Isabel, medidas tendentes a fortalecer la autoridad de la corona, amedrantó a los ciudadanos que temieron por sus derechos pero Isabel resolvió estas dudas sentándose en cualquier plaza o calle y escuchando las quejas de los súbditos dejando a los procuradores que dictaran sentencia.

Tribunal InquisiciónUna de las quejas que estos le plantearon fue contra los judíos conversos a los que acusaban de muchas cosas. Por eso fue que Sevilla se convirtió en la primera ciudad en que se estableció un Tribunal de la Inquisición por consejo del Nuncio del Papa, Nicolás Franco. El 14 de septiembre de 1477 llegó Fernando a Sevilla al que esperaba Isabel para darle la buena noticia de que estaba embarazada. El nacimiento se produjo el 30 de junio y, en el bautismo, llevado a cabo con un gran lujo, se le puso por nombre el de Juan.

Unos días antes Isabel había tenido que exigir al Duque de Medinasidonia, Enrique de Guzmán, que entregara todas sus posesiones, (adquiridas después de 1464) los realengos y que rindiera el mando de las plazas fuertes de Sevilla en su poder. Lo mismo hizo con el Duque de Cádiz, Rodrigo Ponce de León.

Orden de Batalla S. XV1478 vuelve a traer problemas con los portugueses al haber conseguido Alfonso V el apoyo de Galicia, Mérida y Trujillo. Se produjo un conato de batalla en La Albuera, favorable a las tropas de Alfonso pero que produjo muy pocas bajas y que hizo pensar a Alfonso y a Isabel que era llegado el momento de resolver este asunto de una vez por todas.

Para llegar a este acuerdo, Doña Beatriz, Duquesa de Braganza y tía de Isabel y del hijo de Alfonso V, se ofreció como mediadora, reuniéndose con la reina en Alcántara para discutir los términos del mismo.
Las peticiones de Alfonso eran las de encontrar un matrimonio conveniente para Juana, que se le pagara una indemnización por los perjuicios que se la habían causado y que se perdonase e indemnizase a sus partidarios que se habían ido con ella a Portugal.

Beatriz pidió que Juana se casase con el Infante Juan (apenas recién nacido). Isabel aceptó, en principio, este matrimonio pero, un cambio en las exigencias de Alfonso hizo que lo tratado en Alcántara se considerara como un simple memorando para posteriores negociaciones. Isabel se había asegurado que quedara claro que Juana no tenía ningún derecho al trono y que no volvería a reclamarlo nunca más. Pactó la libertad de comercio entre ambos países y la estabilidad de las fronteras, entregando a cambio Mérida y Medellín. Alfonso aceptó aquello que le favorecía pero no lo que concernía a su sobrina por lo que reclamó el cumplimiento de cinco condiciones a favor de Juana. Las condiciones eran las siguientes:

  • • Que dispondría de seis meses para decidir lo que iba a hacer.
    • Que conservaría el título de Princesa lo que convertiría a Isabel en mera pretendiente al trono.
    • Una indemnización de 100.000 doblas de oro en el caso de que no se celebrase su boda con el Infante Don Juan.
    • Su tutela se encomendaría al hijo de Alfonso, Don Joaö y no a Beatriz.
    • Que Juana fuera informada de todo lo anterior.

Esta última condición se cumplió pero Juana no aceptó por lo que se le ofreció la disyuntiva de que se quedara en Portugal cobrando la indemnización y bajo la tutela de su tío, o que recobrara la libertad para ir a donde quisiera. Tampoco Isabel las aceptó ya que suponían, implícitamente, que ella no era la legítima heredera pero sí aceptó el matrimonio con su hijo. El 4 de septiembre de 1479 se firmaron los pactos definitivos ya que Juana había decidido ingresar en un convento durante un año de prueba, antes de realizar los votos, cosa que hizo al año siguiente en el Convento de Santa Clara de Coimbra con lo que terminó esta larga guerra de sucesión.

LA UNIÓN DE LOS REINOS

Mapa de Coronas de Castilla y AragónEl día 19 de enero de 1479 muere Juan II, rey de Aragón, con lo que Fernando recibe, junto con este reino, el de Sicilia, Cataluña, Valencia, Baleares y Cerdeña.

Si a esto le sumamos los que aportaba el reino de Castilla, se comprende que los demás países europeos, especialmente Francia, vieran con mucha preocupación y recelo este poderoso conjunto de países regentado por los Reyes Católicos. La política de estos de la Unión de Reinos, adquiría una nueva dimensión. Sin embargo, curiosamente, nunca se titularon Reyes de España. La restauración de la “Hispania” romana se basaba en la legitimidad transmitida a los reyes godos por Roma en el pacto del año 418. Ahora, además, se plantean la unificación de los pueblos cristianos ya que únicamente los que profesaban esta religión eran súbditos y sujetos de derechos y deberes.

LA MONARQUÍA AUTORITARIA

CortesIsabel convocó Cortes muy pocas veces durante su reinado. Las más importantes fueron la de Madrigal de 1476 en las que se abordaron los temas de la Contaduría y las relaciones entre la Iglesia, la Corona y los nobles y se establece la Hermandad General que tomaría un papel tan importante que hacían innecesarias las Cortes.

Las otras fueron las de Toledo de 1480 en las que se pusieron los medios y las leyes para organizar la economía del reino pues las arcas estaban bastante vacías. Se reordenó el valor de las distintas monedas que circulaban por Castilla, León y Aragón (doblas , moriscas, florín aragonés y el ducado) con respecto al maravedí. Así, por ejemplo, se estableció el valor de la dobla en 480 maravedíes. Se rescataron muchos juros que podrían asimilarse a la actual Deuda Pública ya que eran títulos (a veces hereditarios) que garantizaban una cantidad periódica sobre el capital prestado a la corona. También se decidió que Asturias retornara al Patrimonio Real ya que era una especie de feudo de Diego Fernández de Quiñones, Conde de Luna.

Se fijó de forma clara el conjunto de las leyes del reino con el nombre de Ordenamiento de Montalvo, debido a su recopilador, Alfonso Pérez de Montalvo. A partir de ese momento los reyes legislaron por medio de pragmáticas por lo que, las Cortes Legislativas perdieron parte de su importancia. Toda la legislación quedaba compuesta por el Ordenamiento, las pragmáticas, la doctrina supletoria de las Partidas y el Consejo Real.

Paraninfo U. AlcaláTodos los temas fueron objeto de atención por parte de los reyes: en el de educación favorecieron las Universidades y los estudios para la mayor parte posible de alumnos creando Colegios en las ciudades que tenían Universidad, especialmente en Salamanca y en Valladolid. Establecieron que los médicos no podrían ejercer como tales si antes no superaban unas determinadas pruebas.

Atendieron una demanda de las Cortes en el sentido de que debía de restringirse el nombramiento de profesores extranjeros porque quitaban puestos a los españoles, lo mismo que ocurría con los eclesiásticos. Para remediarlo los reyes consiguieron de Roma (Sixto V) que redujera considerablemente el nombramiento de obispos que pasaba a la jurisdicción de la corona mediante el acto de presentación (propuesta de los candidatos) que ha perdurado hasta 1975. Los monarcas pudieron poner en esos puestos a personas idóneas ya que Roma se guiaba más por criterios endogámicos o de parentesco. Lo que no quiere decir que también Isabel Y Fernando cayeran, en ocasiones, en esa endogamia de la sangre o de las familias nobles.

 

EL REINO DE GRANADA

La conquista de Granada, uno de los hechos más relevantes del reinado de Isabel necesita de algunas notas previas imprescindibles para comprender el tema en su totalidad: la primera es el hecho de que Granada era un Señorío musulmán dentro del reino de Castilla por el que los nasríes (nazaríes) tenían que pagar el correspondiente tributo, acudir a Cortes cuando fueran requeridos para ello y enviar tropas a los reyes cuando se lo pidieran.

Sin embargo, hacia 1480 Granada se sublevó rompiendo el lazo de vasallaje con la corona. La segunda es que los turcos estaban presionando en todo el Mediterráneo Oriental y el Papa llamó a todos los reinos cristianos a la lucha para detenerlos. En tercer lugar desde Roma se dio a esta guerra el carácter de Cruzada, por lo que la reconquista fue emprendida como tal por los Reyes Católicos.

RRCC GranadaLa guerra duró once largos años, entre 1481 y 1492 y lo primero que se hizo en ella fue conseguir establecer la seguridad del Mediterráneo ya que había sospechas de que había una connivencia entre los turcos y los musulmanes de Granada.

Para ello se pactó con todos los reinos implicados a fin de conseguir su colaboración en este área, especialmente su neutralidad. Fue un trabajo llevado a cabo personalmente por Fernando, el gran diplomático del Renacimiento y, como Rey de Aragón y Sicilia, con muchos intereses comunes en esa parte del mundo. Así pacta con Francia, Génova, Venecia, el Vaticano y Egipto.

En 1481, Muley Hacén, Emir de Granada, había conquistado la ciudad de Zahara lo que dio pié a los monarcas españoles para iniciar una reconquista que iba a tener un enorme costo económico para las arcas reales: dos millones de maravedíes que se recaudaron de la Hermandad, del décimo del clero y con la ayuda recibida por tratarse de una Cruzada.

En respuesta a la conquista de Zahara por parte de los musulmanes, el Marqués de Cádiz y Don Diego de Merlo, conquistaron Alama y se fortificaron en ella en 1482.

Viendo los buenos resultados de esta forma de actuar, Fernando determinó que, a partir de entonces, todas las acciones de guerra tenían que seguir este modelo; es decir, conquistar una ciudad y asegurarla de forma que no fuera reconquistada con lo que se evitaban las batallas en campo abierto.

En Granada empieza a haber síntomas de una guerra civil al ser puesta en entredicho la política seguida por Muley Hacén por sus hijos Boabdil y Yusuf, que se pusieron al frente de una sublevación.

Boabdil, partidario de pactar con Castilla quiso, con una acción de armas, conseguir prendas y rehenes que le sirvieran en caso de que se llegara a algún acuerdo. Atacó Lucena consiguiendo un gran botín aunque la plaza quedó en manos de los cristianos.

Cuando regresaba a Granada le sorprendió el Conde de Cabra que lo hizo prisioner en 1483 y, en el mes de agosto, se firmó una tregua entre el musulmán y los Reyes Católicos. Por dicho acuerdo Boabdil pasaba a ser vasallo de Reino de Castilla con la obligación de pagar 12.000 doblas de oro anuales. Muley Hacén no estuvo en este pacto ni, por tanto, lo firmó con lo que Granada quedó dividida en dos mitades, una dominada por Muley y la otra por Boabdil.

En 1484 Fernando se pone al frente de la guerra, que es fundamentalmente de desgaste mediante el cerco económico (destrucción de la agricultura) y militar (conquista de las plazas más importantes).

La primera en ser tomada fue Álora en la que se pactaron unas condiciones para la rendición de la población musulmana que serviría de modelo para las demás, a saber: concesión de las tres característica inherentes a la condición humana, libertad personal, propiedad de sus bienes y mantener su religión y culto, se les exigía que siguieran pagando el tributo a la corona, como hasta ese momento lo habían hecho. Los que no aceptasen esto, tenían libertad de marcharse del país con sus pertenencias.

Por parte de los musulmanes intervienen, a lo largo de la guerra, tres reyes: Muley Hacén hasta 1485, su hermano “El Zagal” hasta 1489 y, el hijo de Muley, Muhamad XII conocido como Boabdil que fue durante una parte de ella, aliado de los cristianos.

En 1485 muere Muley y los cristianos conquistan Ronda, Loja e Ilora. “El Zagal” que le sucede es derrotado por Boabdil con ayuda de los castellanos. En 1487 se conquista Málaga, Vera, Mojacar, Mijas, Vélez Blanco , Vélez Rubio, Baza, Tabernas, Purchena, Guadix y Almería. El reino de Granada queda reducido, por tanto, a la capital, la Vega y las Alpujerras.

Granada está pasando por una grave crisis provocada por el hambre que se apodera de la ciudad por los muchos emigrantes que llegan a ella procedentes de las ciudades conquistadas por los Reyes Católicos, lo que hace muy difícil que Boabdil pueda defenderla. Los castellanos ponen cerco a la ciudad que no tiene más remedio que rendirse el 2 de enero de 1492. Con esto terminan ocho siglos de presencia política, militar, religiosa y cultural de los árabes en la península Ibérica en los que se produjo de todo, batallas ganadas y perdidas, conversiones y defecciones tanto de unos como de otros, matrimonios entre personas de distinta religión, (la reina Tula de Navarra era abuela de Almanzor) estilos artísticos nuevos, un gran avance cultural por ambas partes, etc. Demasiados siglos para tratarse solamente de una guerra.

 

 

POLÍTICA EXTERIOR Y SUCESIÓN AL TRONO

Uno de los hechos que produjeron mayor sufrimiento y dolor a Isabel (y a Fernando) fue el de la sucesión a su corona.

Isabel y Fernando basaron su política matrimonial en el aislamiento de Francia, dadas sus permanentes reclamaciones sobre territorios españoles (Navarra, Sicilia, Rosellón y Cerdaña y el reino de Nápoles).

Era pues, necesario, que sus hijos se casaran con descendientes, directos o indirectos de las familias reales de Europa no francesas: Portugal, Inglaterra y el Imperio Austríaco (Duques de Borgoña). Por ello el primogénito de sus hijos, Isabel, la casan con Alfonso de Portugal (de la casa de Aviz) que muere prematuramente sin descendencia. Casada en segundas nupcias con Manuel el Afortunado también de Portugal, tienen un hijo que se llamó Miguel y que también muere prematuramente en 1500.

Juan y Juana se casan con los descendientes de Maximiliano de Austria, (los hermanos Margarita y Felipe, Duques de Borgoña). Pero el heredero muere al poco de casarse, con veintiún años de edad y sin descendencia. Juana es la única que tiene descendencia y la que, al fin, es la heredera a pesar del (supuesto) mal estado de su salud mental.

Catalina no tuvo mejor suerte que sus hermanos. Casada con el Príncipe de Gales, heredero de la corona de Inglaterra, Arturo, este muere al poco tiempo sin sucesión. Casa con su hermano Enrique (luego Enrique VIII de Inglaterra) que se divorciaría de ella por no tener descendencia masculina y que luego haría matar a dos de sus siguientes esposas.

Por último María que caso con el viudo de su hermana mayor Isabel, Manuel el Afortunado. ¿Es posible que una familia tenga tantas desgracias seguidas?. Pues ellos las tuvieron y debieron ser un factor importante en la muerte de Isabel.

El siguiente árbol genealógico servirá para clarificar un poco este galimatías familiar y sucesorio.

Portugal, Inglaterra y Austria fueron los países elegidos para poner cerco a las pretensiones y hostilidad francesa hacia España aunque nada se consiguió por distintas y variadas razones.

Fernando, incluso, quiso pactar con Juan D’Albert, casado con Catalina de Navarra, y rey navarro, por tanto, con el nombre de Juan II, quien, finalmente se aliaría con el rey francés, Carlos VIII.

Este había conseguido romper el cerco que le habían puesto los Reyes Católicos siguiendo su misma táctica, negociar con los países vecinos para hacer frente a Castilla. Pactó con los reyes de Castilla, el 10 de septiembre de 1493, devolviéndoles los condados de Rosellón y Cerdaña a cambio de que no intervinieran en su reclamación sobre el reino de Nápoles. El papel de Isabel en toda esta política sucesoria fue decisivo ya que, enemiga de resolver los conflictos mediante una guerra, consiguió evitar la muy previsible entre Fernando y Carlos VIII.

La política matrimonial tan planificada y meditada, fue un enorme fracaso. La década de 1490 a 1500 fue realmente dura y, en muchos aspectos dramática, pero hubo otra muchas cosas que obligaron a Isabel y Fernando a replantearse toda su política exterior: la traición de Felipe el Hermoso pactando con los franceses y autoproclamándose Príncipe de Asturias, las maquinaciones de César Borgia pidiendo para sí el Ducado de Gandía aunque había sido declarado hijo ilegítimo y que los reyes no aceptaron; desposeído de su condición de Cardenal y de Obispo por ser declarado bastardo, consiguió del papado importantes territorios de los Estados Pontificios con el título de Duque de Velentinois. Intentó casarse con Carlota D’Albnert de la familia de los Reyes de Navarra que intrigaban contra la corona de Castilla pidiendo la retirada de las tropas de Navarra e, intentando, entregar el reino a Luis XII rey de Francia. Los Reyes Católicos consiguieron frenar estos intentos.

Por otra parte, Puebla, embajador de los reyes en Londres para negociar la boda de Catalina, cometió gravísimos errores en contra de los intereses de Castilla. Inexplicablemente Isabel y Fernando, al tanto de todos sus agravios a la corona, le mantuvieron en su puesto durante muchos años (¿le debían algo importante o era la aplicación del refrán “mas vale malo conocido que bueno por conocer"?). Todo esto hizo que la salud de la reina empeorara y que dedicara todos sus esfuerzos finales a sus dos grandes objetivos: la Unidad de Reinos y la Unión Religiosa, tal y como lo dejó escrito en su testamento.

DE RELIGIÓN, INQUISICIÓN, JUDÍOS Y JUDAIZANTES, MORISCOS,...

En cuanto al tema de la unidad religiosa de España, objetivo primordial para Isabel, ha sido uno de los que más tinta ha hecho correr y, en muchas ocasiones, sin toda la objetividad que hubiera sido de desear. especialmente en lo que concierne a los judíos que, visto con la perspectiva actual, puede ser tomado como un error. Conviene hacer algunas puntualizaciones:

En primer lugar, en la Edad Media y gran parte de la Edad Moderna, la Iglesia y el Estado estaban tan fuertemente imbricados que se afirmaba que el poder real era de origen divino y que cualquier desviación de la doctrina católica era considerada como un delito contra el Estado.

En segundo lugar la Inquisición, creada por el Papa Gregorio IX en 1231, se redacta tomando como modelo la ley imperial promulgada por Federico Barbarroja (poder secular) que imponía la pena de muerte a los herejes (a todos y no solamente a los judíos) y, en esta época, los herejes eran los cátaros y los albigenses. La represión contra estos fue especialmente cruel (hay serias dudas de que realmente fueran herejes) llegando casi a la extinción de los mismos.

Pero en España, aunque existía el Tribunal de la Inquisición en el Reino de Aragón, desde Jaime I el Conquistador (más cercano geográficamente a los cátaros que ningún otro reino de España) no se hizo nada contra ellos porque, en realidad, no empezó a funcionar hasta los tiempos de los Reyes Católicos. En Castilla este Tribunal no se instauró hasta 1483.

La tercera cuestión es que España fue el último de los reinos europeos en instaurar la Inquisición, habiendo sido los reyes castellanos extremadamente tolerantes y generosos con la comunidad judía. Hubo algunos problemas entre estos y la población de las ciudades nunca alentados por la corona.

En Alemania ya había habido persecuciones en el S. IX también por causa de la población civil. Los reyes, no solamente los castellanos, fueron los que más se beneficiaron de la presencia de los judíos en sus tierras ya que, con mucha frecuencia, fueron sus asesores, sus banqueros, sus médicos, (las amantes en muchas ocasiones) etc. El brazo derecho de Fernando fue precisamente un judío converso, Santángel, por lo que eran (los reyes) los menos interesado en que se fueran del país. La población civil soportaba mal la facilidad y capacidad que tenían estos para enriquecerse, no podían casarse con ellos (lo que les hubiera permitido acceder a sus fortunas) porque sus costumbres les hacia casarse siempre con personas de su raza, eran muy inteligentes y desarrollaban trabajos bien remunerados que no estaban al alcance de los cristianos. ¿Era un problema de simple envidia?. Las acusaciones de estos contra los judíos: crucificar niños el Jueves Santo, alimentarse con su sangre, envenenar las aguas, difundir epidemias, profanaciones de la Sagrada Forma,... nunca fueron probadas.

Un dato curioso es que las leyes contra el pueblo judío en Europa tuvieron su origen en un antiguo judío converso, expulsado de su sinagoga acusado de averroísta. Se llamaba Nicolás Domín, dominico, que, en 1236 presentó al Papa Gregorio IX una denuncia contra ellos en la que afirmaba que, en el Talmud (Obra literaria y religiosa escrita que recoge el comentario a la Misná elaborado por los maestros judíos de Palestina entre los siglos III y V. Su nombre en hebreo (Talmud) significa ´estudio´) , había 35 proposiciones que atacaban al cristianismo.

Esto hizo que, los conocidos como “talmudistas” fueran considerados como herejes y que Inocencio IV ordenara la destrucción del Talmud. Sin embargo, en Castilla ni se destruyó ni se cambio la actitud hacia ellos pero, en Europa, durante los siglos XIII y XIV se decidió que la solución a este “problema” era la de hacerles abandonar sus países de residencia. Fue un gran éxodo que llevó a muchos de ellos a países al Este de Europa (Rusia, Polonia, Ucrania, Lituania,...) donde vivieron y se multiplicaron hasta las terribles persecuciones del S. XX.

En España fue Raimundo Lull el que dijo que los judíos, (los rabinos) debían demostrar que las Promesas se habían cumplido y, en caso de no hacerlo, tenían que ser adoctrinados y bautizados. Si esto no se producía debían ser expulsados (solamente los relapsos).

Todo esto no pretende ni alabar, ni justificar la expulsión de los judíos de España, sino situar los hechos en su contexto histórico. No cabe duda de que las consecuencias fueron perjudiciales para la economía del país, cosa que, por otra parte, era sabida y valorada por la Reina Isabel y que para ella era un mal necesario, antes que actuar en contra de los principios, directrices y criterio de la Iglesia Católica. La “vox populi” acabó convirtiendo su odio hacia esta raza en antisemitismo ya que decían que el judío sigue siéndolo aunque se bautice.

En 1432, por iniciativa de Don Álvaro de Luna (que tenía como asesor a un preclaro judío) se celebró una asamblea de las aljamas (sinagogas) que determinó, supervisado por las Cortes, el nombramiento por el rey de un Rabino Mayor que se responsabilizaba del comportamiento de los judíos en sus relaciones con los cristianos lo que se tradujo en un período de relaciones mucho más pacíficas entre las dos comunidades. El último de los nombrados, Abraham Seneor, desapareció al publicarse el Edicto de expulsión.
Este se publica el 31 de marzo de 1492 (Francia, Inglaterra y Austria lo habían hecho el siglo anterior y de los Estados Pontificios nunca fueron expulsados (¿contradicción entre su doctrina y los hechos?). Para asegurar la legalidad de esta expulsión se establecían tres condiciones que debían cumplirse:

  • • Los delitos tenían que ser los que se habían admitido como tales; simonía, usura y herética pravedad (iniquidad).

    • Se otorgaba un plazo de cuatro meses para abandonar el país o para convertirse al cristianismo mediante el bautismo. Los que lo hicieran serían considerados iguales a los cristianos viejos.

    • Se les reconocía la plena propiedad de todos sus bienes, tanto muebles como inmuebles, sometiéndose a las leyes que prohibían la salida del reino de oro, plata, caballos y armas pero podían venderlo antes de salir y llevar su importe en letras de cambio o mercancías de libre circulación.

No hay documentos precisos de cuántos fueron los que abandonaron España ni de los que se convirtieron y quedaron en ella. Las cifras que se dan normalmente suelen ser exageradas. Se puede afirmar sin temor a equivocarse que fueron más los que salieron que los que se quedaron.

La expulsión de los moriscos ha sido otro hecho controvertido. Según los documentos, antes de la conquista de Granada, había en los reinos de Castilla y León unos 17.000 musulmanes muy repartidos por la península, gente pobre, poco formados intelectualmente y dedicados en su mayoría a la agricultura. En el reino de Granada vivían unos 300.000.

Siguiendo los reyes su política de conseguir la unidad religiosa y, manteniendo las capitulaciones de Santa Fe con las que se cerró la conquista de Granada, quisieron atraer a los musulmanes a la religión católica. Esta misión fue encomendada al Conde de Tendilla y al Arzobispo Talavera que pusieron todo su empeño en ello, hasta el punto de que Tendilla aprendió el árabe para comprender mejor sus problemas y peticiones escribiendo un sencillo catecismo en esa lengua. Unos años antes Isabel había acogido a los moriscos expulsados de Portugal concediéndoles el mismo estatus que el que tenían los que vivían en España por las mencionadas Capitulaciones.

Pero intervino el Cardenal Cisneros diciendo que los derechos de los moriscos así concedidos, competían a la autoridad civil y que el tema religioso que ellos planteaban, correspondía a la Inquisición. Así la evangelización se hizo más dura, con amenazas y con castigos, lo que produjo algunas revueltas y pequeñas guerras de las que la más importante se dio en las Alpujarras, donde tuvo que ir Fernando personalmente para reducirlos.

No cabe duda que fueron muchas las conversiones, una buena parte no sinceras pues se hacían para conseguir los premios económicos y la mejora de su situación jurídica que se les ofrecía. Pero las revueltas armadas, las presiones y las exigencias de Cisneros de que debía considerarse a los moriscos como herejes, hizo que se firmara el edicto de expulsión el 11 de febrero de 1502 teniendo que irse, la mayor parte de ellos, al Norte de África.

COLÓN Y EL DESCUBRIMIENTO DE ÁMERICA

Cristóbal Colón llegó a la Rábida en la primavera de 1483, después de haber pasado bastante tiempo en Portugal, donde había aprendido mucho sobre cartografía y tomado contacto con los marinos portugueses. Viene a España porque el rey de Portugal no quiso “embarcarse” en el sueño de Colón y también, según algunas fuentes, para huir de los que le acusaban de haber robado algún documento importante de la Escuela de Navegación.

En ese momento la conquista de Granada ocupaba todos los esfuerzos de los Reyes Católicos y Colón comprendió que tenía que esperar para poder ofrecer su proyecto que no era otro que el de alcanzar las costas de China (país de las especias) y Japón navegando hacía el oeste en vez de por la ruta normal que era la de dar la vuelta a Africa hasta alcanzar la India, con lo que se acortaría enormemente la travesía y, por tanto, el coste de las especias.

Cuando finalmente pudo hablar con ellos les presentó unas condiciones para llevar a cabo la empresa que eran realmente exageradas pero que para él, que era un soñador imbuido de su excelencia, le parecieron imprescindibles. Estas eran las siguientes:

  • • Tener la categoría y el nombramiento de Almirante de la flota.

    • Ser nombrado Gobernador y Virrey de todas las tierras descubiertas.

    • Percibir el diez por ciento de toda las rentas obtenidas en dichos territorios, incluidas las minas y participar, con un doce y medio por ciento, en el capital necesario para financiar el viaje.

A los reyes les pareció una locura, especialmente a Fernando que, en un momento de las negociaciones, le dijo a Isabel que las rompiera y que Colón hiciera lo que quisiera sin el apoyo de la corona, sin nombramientos, ni títulos, ni rentas.

Quizá lo que menos gustaba a los reyes era, teniendo en cuenta las características de las monarquías de aquella época, tener que conceder títulos tan importantes como el de Gobernador y Virrey a alguien que ni era noble, ni había prestado (todavía) ningún servicio a la corona.

Ya con anterioridad, el Consejo Real se había manifestado en contra del proyecto ya que no había experiencia en travesía tan larga (Colón la estimaba en 2.400 millas) y se pensaba que supondría una muerte segura de los que participaran en ella al no aguantar los barcos. Las negociaciones se retomaron varias veces poniendo a prueba la capacidad dialéctica del futuro Almirante. Finalmente gracias a la intervención de los monjes de La Rábida y de haber ayudado económicamente el asesor de Fernando, Santángel, los reyes aceptaron todas sus condiciones. Isabel aceptó por tres razones:

  • • la primera y más importante por la oportunidad que se le presentaba de extender el cristianismo a todos los pobladores de las mismas.
  • • En segundo lugar para competir con los portugueses que ya habían doblado el Cabo de Buena Esperanza en su camino hacia la India por mar, y no por tierra como se había hecho hasta entonces.

    • Tercero porque se trataba de una pequeña empresa, rechazada por los portugueses, no muy importante, solamente tres carabelas y dos millones de maravedíes de los que la corona puso un millón cuatrocientos mil (no es cierta la historia de que Isabel tuviera que empeñar sus joyas), Joanato Berardi, un banquero italiano afincado en Sevilla, prestó a Colón doscientos cincuenta mil maravedíes (¿era judío como también parece que lo era Colón según Salvador de Madariaga?) y, finalmente, Luis de Santángel, extraordinario colaborador de los Reyes Católicos, judío converso de origen valenciano, puso los restantes trescientos mil.

El contrato firmando entre los reyes y Cristóbal Colón, conocido como las Capitulaciones de Santa Fe por haberse firmado en esa ciudad (Granada) el 17 de Abril de 1492, contenía todas las condiciones exigidas por el excelso marino, seguramente porque nadie creía que el resultado del viaje iba a se lo que en realidad fue.

Cuando se dieron cuenta de la importancia de lo encontrado (al no llegar a las costas de China, sino a tierras distintas y desconocidas hasta entonces, se trató de un auténtico descubrimiento y como tal se le ha venido llamando desde entonces) la reina no perdió un momento para pedir al Papa, Alejandro VI, que declarase legítima la toma de posesión de los nuevos territorios en nombre de la Corona de Castilla y de ellos mismos como sus Reyes. Esta legitimización tendría efecto si, el motivo principal de la soberanía que sobre ellas ejercerían, fuera el de la evangelización de sus gentes. También se lo comunicaron a Don Joaö, rey de Portugal, haciendo hincapié en que las nuevas tierras pertenecían a Castilla por haber sido descubiertas dentro de los límites establecidos, entre ambos reinos, en el tratado de Alcaçovas. Se pensó en seguida que con estos acontecimientos era necesaria una revisión de este tratado por lo que se firmó el de Tordesillas.

En el segundo viaje, la reina escribió a Colón para comunicarle que los objetivos del viaje eran:

  • a) El adoctrinamiento de los indígenas.
    b) Crear asentamientos duraderos para facilitar el comercio.

Además prohibía expresamente la esclavización de la población indígena ya que tenían la condición de súbditos de Castilla. En este viaje ya aparecieron los primeros problemas que empañaron las sucesivas relaciones entre los Reyes Católicos y Colón.

Este se dedicaba solo a los viajes y exploraciones, dejando a sus hermanos, Bartolomé y Diego, el gobierno de la ciudad recién construida de Isabel. Pero ellos con el afán de obtener la mayor cantidad posible de oro, hicieron trabajar a los indios arawks en condiciones muy duras.
Por otra parte, el franciscano Bernardo Boil, encargado de la evangelización, viendo que esta no se llevaba a cabo declinó el encargo que había recibido, se volvió a España informando a los reyes puntualmente. A partir de este momento Colón vio como se demoraba en el tiempo el cumplimiento de las condiciones pactadas en Santa Fe haciéndose nombramientos que chocaban con su condición de Almirante. En realidad este era, no cabe duda, un extraordinario navegante, conocedor de todos los misterios y secretos, tanto del mar como de las técnicas de navegación, de las rutas, de las cartas marinas, experto geógrafo, etc. pero como gobernante se demostró que no tenía las condiciones necesarias. Quizá le perdió su desmedida ambición y su orgullo.
Falleció en Valladolid en 1506, bastante olvidado, sin demasiados medios de fortuna, sin saberse ni la fecha cierta de su nacimiento, ni la de su muerte. Hoy no sabemos con certeza donde esta enterrado.

LOS ÚLTIMOS AÑOS

Como ya hemos visto en el apartado dedicado a la política exterior, los años entre 1490 y 1500 fueron especialmente duros para Isabel la católica al fracasar la política matrimonial y por tanto de alianzas tejida por los Reyes. Los últimos años de Isabel giran en torno a la figura del heredero de la Corona, Carlos, y sucesivos juegos de alianzas.

El Consejo de Borgoña, sabiendo que los Reyes Católicos habían asumido que el hijo de Juana y Felipe era el heredero de la corona de España, ofreció a los reyes una propuesta a este efecto que era la de casar a su nieto Carlos con Claudia la hija del Rey de Francia, Luis XII, con lo que conseguiría, por un lado la unión de Borgoña con Francia y, por otro, la certeza que con esto se terminaría la enemistad entre los dos países y las correspondientes guerras.

Mientras tanto Isabel escribía una larga carta a su hija instándola a venir a España ya que no se podía demorar más su juramento como heredera del trono de España delante de las Cortes. No puso reparos a que Carlos se casara con Claudia.

Felipe
comentaba a Fuensalida (embajador de España) que para hacer el viaje, estando Juana preñada, necesitaba un gran séquito por lo que era necesario que se le facilitasen 26 millones de maravedíes. En aquella época, como en la actual, todo tenía un precio ya fuera un pacto matrimonial, un viaje político, un cargo público, etc. Como ejemplo valga el hecho de que la ciudad de Bruselas ofreció a Felipe el Hermoso 5.000 florines para que el hijo que esperaban naciera en esa ciudad. Así se hizo, el Conde cobró y la niña Isabel nació donde querían las autoridades de la ciudad.

Isabel seguía empeorando y todos estos acontecimientos la debilitaban cada vez más. La enfermedad de Juana le era de sobra conocida y la pudo comprobar en ella misma por las durísimas palabras que le dedicó la Infanta con motivo de alguna de sus crisis, en el transcurso de una de sus visitas a España con motivo del nacimiento de su hijo Fernando. Así llegó el día 26 de noviembre de 1504 en que muere Isabel apaciblemente habiendo tenido tiempo de redactar su testamento (uno de los documentos históricos más importantes) y un codicilo anejo. Pudo reinar gracias a la sentencia arbitral de Segovia de 1475 que permitía reinar a las mujeres.

 

 




Rafael Osset y Manso de Zúñiga
Octubre 2004

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