Antes del ataque
A partir de la primavera de 1941 los Estados
Unidos se encontraban ya en virtual estado de guerra. Así, mientras los
mercantes norteamericanos eran objetivo de la sistemática acción
de los submarinos en aguas del Atlántico, la situación en el Extremo
Oriente asiático ya no permitía más que el establecimiento
de los cálculos referentes al inicio de las hostilidades. A lo largo de
los meses centrales del año 1941, el Japón ya no ocultaba sus intenciones
de lanzarse sobre las colonias europeas situadas en la zona, que sus grupos dominantes
habían establecido como espacio necesario para el establecimiento de su
imperio territorial. La agresión contra los Estados Unidos formaba parte
de esta estrategia, por lo que el asunto no era más que una cuestión
de tiempo. De esta forma, el presidente Roosevelt adoptó, llegado el verano,
una serie de medidas que por sí mismas venían a demostrar su voluntad
de enfrentarse de la forma más adecuada a la acción nipona. Por
una parte, el general McArthur fue nombrado jefe supremo de las fuerzas norteamericanas
estacionadas en el área del Pacífico; por otra, los efectivos armados
de Filipinas fueron integrados dentro del Ejército norteamericano. En tercer
lugar, Washington decretó el embargo total de los bienes financieros japoneses
existentes en los Estados Unidos. De forma paralela, Gran Bretaña y Holanda
deciden asimismo anular toda clase de intercambio con el Japón, en vista
de la amenaza que ésta lanza sobre sus respectivas colonias asiáticas.
Ambos países eran, junto con Francia, los más afectados por el expansionismo
nipón sobre los territorios de Hong Kong, Birmania, Malasia, Indonesia
e incluso la India. De esta forma, el embargo decretado sobre los productos energéticos
exportados al Japón constituiría en definitiva la causa determinante
que le impulsase a obtener por la fuerza el dominio de unos yacimientos de cuyos
materiales no podía prescindir. Resultaba así evidente el hecho
de que en los meses finales de aquel año la guerra, que determinaba ya
la situación de Europa y el área mediterránea, iba a extenderse
de forma irreparable hasta el inmenso escenario del Pacífico.
El
ataque a Pearl Harbor
Reunida en la bahía de Tankan desde
el 22 de noviembre, la Flota de Nagumo se compone de los portaaviones Akagi y
Kaga, Hiryu y Soryu, y Shokaku y Zuikaku, dos acorazados- Hiei y Kirishima-, dos
cruceros pesados -Tone y Chikuma-, uno ligero, 16 destructores y tres submarinos.
En cubierta se embarcan reservas de combustible, bombas perforantes para el bombardeo
a gran altura y torpedos provistos de aletas estabilizadoras de madera, especiales
para uso en aguas de poca profundidad. Por delante de la Flota de Nagumo, zarpan
de Japón 27 submarinos con el objetivo de patrullar las cercanías
de Pearl Harbor y su acceso. De los 27, cinco transportan submarinos enanos, que
deberán introducirse en el puerto y atacar a los buques norteamericanos
allí anclados. Todos los buques cuentan con torpedos de 610 m propulsados
por oxígeno líquido, los más poderosos del momento. El 25
de noviembre Yamamoto da la orden de iniciar el ataque. La Flota sale al día
siguiente, navegando por aguas poco concurridas. El sigilo es clave para el éxito
de la operación: cualquier barco americano, inglés u holandés
que sea avistado deberá ser inmediatamente hundido; si es de otra nacionalidad,
deberá ser capturado para evitar que envíe cualquier mensaje. partirían
dos oleadas de aviones. La primera, con 183 aparatos al mando de Fuchida -49 bombarderos
de alta cota equipados con bombas perforantes, 40 Nakajima B5N2 Kate torpederos,
51 Aichi D3A Val y 43 zeros de escolta-, saldría a las 6 de la mañana
a 275 millas al norte de Pearl Harbor, con la misión de destruir las cinco
bases aéreas norteamericanas en la isla de Oahu, desconociendo que existía
un sexto. La segunda oleada estaría compuesta por 213 aparatos, con otros
30 de reconocimiento que se situarían por encima y 40 más en reserva.
Producido el ataque, todas las unidades deberían volver a sus puntos de
partida, previo paso por un punto de abastecimiento de combustible.
El
desconcierto americano
En Pearl Harbor, el domingo 7
de diciembre de 1941 se encuentra anclada la Flota norteamericana del
Pacífico, en total 94 buques. De ellos, ocho son acorazados -Pennsylvania,
Arizona, Nevada, Oklahoma, Tennessee, California, Maryland y West Virginia- y
ocho más cruceros - New Orleans, San Francisco, Raleigh, Detroit, Phoenix,
Honolulu, St. Louis y Helena-. Los portaaviones Lexington y Enterprise se hallan
en alta mar, el primero regresando de la isla de Wake y el segundo rumbo a Midway.
La base de Pearl Harbor disponía del mayor buque flotante del mundo, con
350 metros de largo, capaz de recibir a la vez a un acorazado y un crucero; hay
pistas de aviación y se encuentra defendida por el refugio natural Diamond
Head, con baterías antiaéreas. En el momento del ataque,
de las treinta y una baterías antiaéreas de tierra sólo cuatro
estaban en posición. Únicamente la cuarta parte de los
ciento ochenta cañones antiaéreos de la Flota disponían de
su dotación
A comienzos de diciembre, el servicio de desciframiento
norteamericano conoce que todo el personal diplomático japonés ha
recibido la orden de destruir sus claves secretas y los documentos reservados.
Además, se sabe que el cónsul nipón en Honolulu ha recibido
información sobre la localización de las unidades de la Flota del
Pacífico. Inexplicablemente, estos indicios no hacen al Mando norteamericano
prever ningún ataque por parte de Japón.
Tampoco lo hizo
la información recibida según la cual el servicio de interceptación
de mensajes había perdido el rastro a los portaaviones japoneses, interpretando
que estos de hallaban anclados en algún puerto nipón. En consecuencia,
no fue enviado ningún aparato de reconocimiento ni se incrementaron las
medidas de seguridad en la base. Por último, el Mando norteamericano estaba
convencido de que, caso de producirse un ataque japonés sobre la isla,
éste tendría lugar por el sur mediante una operación anfibia.
Este convencimiento se vio refrendado por el hecho de que aviones de reconocimiento
británicos y americanos habían avistado varios convoyes de tropas
japonesas navegando por el golfo de Siam.
El día 6 de diciembre,
al tiempo que a bordo de los portaaviones japoneses tenía lugar la ceremonia
de consagración a la batalla, los servicios de información americanos
se afanaban en descifrar los mensajes en "clave púrpura", hallando
que Japón se proponía rechazar las condiciones del ultimátum
norteamericano del 6 de noviembre, lo que, en la práctica, significaba
la guerra. Simultáneamente, en Washington se interceptaba y descifraba
un mensaje japonés según el cual se daban instrucciones al embajador
para que el día 7 a las 13, hora local, comunicara oficialmente la ruptura
de negociaciones. El contenido del mensaje fue conocido por el almirante Stark,
jefe de operaciones navales, a las 9,15 horas. 35 minutos más tarde pasó
al Secretario de Estado. Los dos cayeron en la cuenta de que la hora prevista
por los japoneses para la ruptura de las negociaciones coincidía con el
amanecer en Honolulu y, por tanto, con el inicio de un posible ataque. A pesar
de ello, no fue sino hasta más de una hora más tarde cuando el jefe
del Estado Mayor General, Marshall, leyó el mensaje, proponiendo a Stark
que se pusiera en alerta a las Fuerzas Armadas. Esta opción no fue, sin
embargo, aprobada, por lo que Marshall redactó un mensaje personal de aviso
que fue cifrado y transmitido a las 12 de la mañana, hora de Washington.
Para cuando llegó a Pearl Harbor, el ataque japonés ya estaba en
pleno desarrollo.
Segunda Guerra Mundial
El 1
de septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia. El pretexto fue
la reivindicación de la soberanía sobre sobre el estado libre de
Danzing, poblado mayoritariamente por alemanes. El pacto germanosoviético
dejó las manos libres a Hítler, que suponía
que las democracias occidentales responderían nuevamente con su política
de contención.
Sin embargo, los acuerdos con Polonia determinaron
unas posciones contundentes de Gran Bretaña, posiciones que fueron secundadas
por Francia. El 2 y el 3 de septiembre declararon la guerra a Alemania.
Este conflicto militar comenzó en 1939 como un enfrentamiento
bélico europeo entre Alemania y la coalición franco-británica,
se extendió hasta afectar a la mayoría de las naciones del planeta
y cuya conclusión en 1945 supuso el nacimiento de un nuevo orden mundial
dominado por Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas (URSS).
La II Guerra Mundial requirió la utilización
de todos los recursos humanos y económicos de cada Estado y fue un conflicto
único en los tiempos modernos por la violencia de los ataques lanzados
contra la población civil y por el genocidio (el exterminio de judíos,
gitanos, homosexuales y otros grupos) llevado a cabo por la Alemania nacionalsocialista
(nazi) como un objetivo específico de la guerra. Los principales factores
que determinaron su desenlace fueron la capacidad industrial y la cantidad de
tropas. En los últimos momentos de la lucha se emplearon dos armas radicalmente
nuevas: los cohetes de largo alcance y la bomba atómica. No obstante, el
tipo de armamento empleado durante casi todo el enfrentamiento fue similar al
de la I Guerra Mundial, aunque con ciertas mejoras. Las principales innovaciones
se aplicaron a las aeronaves y a los carros de combate.
Rocío
Calvo (alumna de primer curso de Bachillerato)
Colaboradora
de Educa Historia
Granollers, Barcelona (España)